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ORACIONES Y DEVOCIONES A SAN JOS - PowerPoint PPT Presentation


Title: ORACIONES Y DEVOCIONES A SAN JOS


1
Oraciones y devociones a San José
2
  • í N D I C E
  • (puedes ingresar directamente. Haz clic en el
    tema que desees ver)
  • Pensamientos e invocaciones a San José para el
    mes de Marzo (P. Orides Ballardín. Prov.)
  • Oración para pedir la pureza
  • Acróstico a San José (P. Reyes)
  • Triduo a San José
  • Devoción en honor de los Siete Dolores y Gozos
    de San José.
  • Oración a San José
  • EN EL TALLER DE JOSé Reflexión de San
    Josemaría Escrivá de Balaguer. Homilía
    pronunciada el 19 de Marzo de 1963
  • Canción de José Interpreta Grupo Alianza de
    Miami

3
  • PENSAMIENTOS E INVOCACIONES A SAN JOSé PARA EL
    MES DE MARZO
  • (Por P. Orides Ballardín. Prov.)

4
  • ORACIONES DIARIAS
  • Para Pedir la Pureza
  • Oh custodio y padre de vírgenes San José, a
    cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma
    inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las
    vírgenes, Maríapor estas dos queridísimas
    prendas,Jesús y María, te ruego y suplico me
    alcances que, preservado de toda impureza, sirva
    siempre castísimamente con alma limpia y corazón
    puro y cuerpo casto a Jesús y a María.
    Amén.

5
  • Acróstico a San José(P. Reyes)
  • Son tus brazos dulce cunaArrullo para tu
    ni?oNutre su sue?o de amor.
  • Justo varón, fiel esposoObrero honrado sin
    par.Sé también, Padre amorosoEl guardián de
    nuestro hogar.

6
San José, castísimo esposo de la Santísima Virgen
María Ruega por nosotros!
Marzo
Sábado
Viernes
Jueves
Miércoles
Martes
Lunes
Domingo
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(clic en el día que quieras meditar)
En la postrera agonía, cuando mi muerte llegare,
tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María
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7
  • Día 1 Padre adoptivo de Jesús. Escogido por el
    Eterno Padre con amor previsor y gratuito, para
    ser custodio y defensor de Jesús, tú, oh San
    José, entras plenamente en el proyecto de la
    Salvación, según las promesas hechas por Dios al
    pueblo hebreo. Ayúdame, San José, a leer hoy, con
    amor, el Evangelio que describe la genealogía de
    Jesús.

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8
Día 2 Custodio de Jesús. Durante la vida terrena
de Jesús, tú, oh San José, no te has preocupado
de hacer cosas grandes sino de hacer bien la
voluntad de Dios, también en las cosas más
sencillas y humildes, con mucho empe?o y amor.
Ensé?ame San José la prontitud en buscar y
realizar la voluntad de Dios.
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9
Día 3 Esposo de la Madre de Dios. Después de la
perturbación inicial, oh San José, tu "sí" a la
voluntad de Dios fue claro y preciso, aceptando a
María como Esposa. Entonces, por ti, Jesús entró
en la genealogía de David con pleno derecho
delante de la ley y de la sociedad. Te confiamos,
oh San José, a todos los padres para que
siguiendo tu ejemplo acepten en el seno materno
el don inestimable de la vida humana.
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10
Día 4 El hombre del silencio. Te acostumbraste
al silencio, oh San José, estando con Jesús y
María. La casa de Nazaret era un templo y en el
templo, sobre todo, se reza!.Ensé?ame, oh San
José, a dominar mi locuacidad y a cultivar el
espíritu de recogimiento.
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11
Día 5 El hombre de fe. Más que Abraham, a ti, oh
San José, te tocó creer en lo que es humanamente
impensable la maternidad de una virgen, la
encarnación del hijo de Dios. Fortalece, oh San
José, a quien se desanima y abre los corazones
para confiar en la Providencia de Dios.
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12
Día 6 El hombre de la esperanza. En la persona
de Jesús, oh San José, tuviste la garantía del
cielo y, por lo tanto, siempre estuviste lleno de
profunda paz interior. Aumenta, oh San José, mis
motivos para tener coraje, alimenta el aceite
para mis lámparas.
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13
Día7 El hombre del amor a Dios. Oh San José, tú
diste pruebas de amor a Dios cuidando
amorosamente a Jesús en vida escondida y en
profunda sintonía con la voluntad de Dios.
Ensé?ame oh San José, a amar a Dios con todo mi
corazón, con toda mi mente y con todas mis
fuerzas.
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14
Día 8 El hombre de la acogida. Oh San José,
diste ejemplo de espíritu de acogida en la
afectuosa ternura con tu esposa, en los servicios
prestados a la gente, buena o mala, y estando
siempre al lado de Jesús, el salvador de las
almas. Oh San José, Que yo descubra aquellos
gestos que me hacen imagen viva de Dios amor, los
gestos de acogida y de paz, los gestos de
disponibilidad y de dedicación incondicional!
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15
Día 9 El hombre del discernimiento. Con los ojos
del alma, oh San José, ordenaste tu vida de
piedad, tu trabajo, tu alimento, tu reposo, tus
pensamientos más profundos, tus afectos, tus
juicios, tus intenciones en el obrar. Ayúdame oh
San José, a avanzar en las virtudes por la acción
del Espíritu Santo que renueva la vida de las
personas y de las comunidades.
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16
Día 10 El hombre de la docilidad. Santo Tomás
define la docilidad como atención constante y
deferente a las ense?anzas de los sabios. Tú, oh
José, fuiste siempre muy dócil a las ense?anzas
de Jesús y de María, su Madre. Aleja de nosotros
oh San José, la presunción, la tonta estima de
mis opiniones, la obstinación de seguir mis ideas.
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17
Día 11 El hombre de la entrega. Tú oh San José,
no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no
obrabas con disgusto o mala gana. Ayúdame oh San
José, en la oración, a no permitir que mi alma,
se quede dormida y alcánzame una habitual
disposición y fervor en mi vida.
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18
Día 12 El hombre de la simplicidad. Esta virtud
oh San José, hacía parte de tu carácter y cada
día más se perfeccionaba por el desapego de las
criaturas. Ayúdame oh San José, a desear y gustar
solamente a Dios y a despegarme de todo lo que no
sirve para mi vida espiritual.
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19
Día 13 El hombre de la confianza. Tu seguridad
oh San José, estaba en adherir a la voluntad de
Dios como se manifestaba día tras día. Haz oh San
José, que nosotros tengamos la seguridad de quien
confía en Dios y que en cualquier situación,
aunque adversa, estemos en sus manos.
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20
Día 14 El hombre de la paz. Tú, oh San José,
fuiste el custodio de aquel que trajo la paz al
mundo, que predicó el amor, la fraternidad y la
unidad y proclamó " felices los que trabajan por
la paz". Oh San José, ayúdame a promover la paz
en el ambiente donde yo vivo y trabajo.
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21
Día 15 Ejemplo de humildad. Como te sentías
peque?o a tus ojos, oh San José!, Como amabas tu
peque?ez!. No hiciste milagros y mantuviste tu
vida tan escondida que casi nada sabemos de ella.
Ayúdame, oh San José, a huir de las alabanzas y
de la gloria humana. Haz que encuentre gusto en
vivir escondido y en relativizar mis intereses
personales.
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22
Día 16 Ejemplo de fortaleza. Sin duda, oh San
José, tu fortaleza alcanzó un grado de perfección
muy elevado. Ella se manifestó especialmente en
el soportar con serenidad el exilio en Egipto y
la dureza del trabajo de cada día. Ayúdame oh San
José, a no desfallecer frente a las tentaciones,
fatigas y sufrimientos.
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23
Día 17 Ejemplo de obediencia. Tu obediencia, oh
San José, fue admirable, especialmente cuando
tuviste que huir a Egipto, luego de una orden
delante de la cual habías tenido tantas razones
para no realizar. Aleja de mí, oh San José, todas
las excusas que mi egoísmo plantea para no
cumplir la voluntad de Dios.
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24
Día 18 Ejemplo de justicia. Viviendo alejado de
las cosas del mundo, oh San José, practicaste
siempre la virtud de la justicia especialmente a
través de tu trabajo de carpintero. Y qué
respeto tuviste para con el Rey y la Reina del
Cielo! Alcánzame, oh San José total pureza de
intenciones y de corazón y plena adhesión a Dios
y a su voluntad.
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25
Día 19 Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, oh
San José, se manifestó en el desapego del mundo,
en la castidad, en la pobreza, en tu espíritu de
pobre y en la dedicación al trabajo de cada día.
Haz, oh San José, que yo no haga nada sin antes
confirmarme "que sirve esto para la eternidad".
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26
Día 20 Ejemplo de pobreza. Tú, oh San José,
viviste la pobreza voluntaria, sufriste las
privaciones y las incomodidades de la pobreza,
pero no quisiste cambiar tu condición por ningún
tesoro de este mundo. Obténme, oh San José, la
gracia del desapegarme de las riquezas y de
desear únicamente los bienes eternos.
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27
Día 21 Ejemplo de gratitud. Nadie después de tu
Esposa, oh San José, recibió tanto como tú, de la
bondad de Dios. En tu justicia dabas gracias a
Dios continuamente. Veías solo a Dios, pensabas
sólo en Dios no obrabas sino por éL. Haz, oh
San José, que yo tenga vergüenza de mis
ingratitudes y que tenga valentía de humillarme
delante de Dios.
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28
Día 22 Ejemplo a los obreros. Como cada uno de
nosotros, también tú, oh San José, probaste la
fatiga, y el cansancio del trabajo de cada día.
Ayúdame, oh San José, a redescubrir la dignidad
de mi trabajo, sea cual sea, y de desarrollarlo
con entusiasmo para el bien de todos.
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29
Día 23 Ejemplo de la misión. Oh, San José, Que
gran amor tuviste por las almas! Cuantas
oraciones hiciste para su salvación! Y todo eso
inspirado por Cristo que habría de morir por la
salvación del mundo!. Haz, oh San José, que yo
pueda con la palabra y con la vida, ayudar al
hombre de hoy a encontrar a Jesús, la Palabra que
da respuesta definitiva a todas las preguntas
esenciales del hombre.
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30
Día 24 Custodio de la virginidad. La Voz del
Espíritu Santo encontró en tí, oh San José total
acogida, porque tu vida fue llena únicamente de
Dios y tu fuerza fue sólo el amor que tuviste
para él. Haz, oh San José, que yo deje mis
caminos y siga sólo a Dios que me llama a
participar de su vida, y que tenga fuerza de
hacer fructificar sus dones.
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31
Día 25 Consuelo de los que sufren. Oh San José,
toda tu vida estuvo marcada por el sufrimiento
exilio, trabajo, pobreza. Pero tu corazón era
feliz y tu alma siempre serena. Ayúdame oh San
José, a darme cuenta de que la vida eterna y no
el dolor, es la verdadera vocación del hombre.
Presérvame ahora y siempre del llanto de los que
no tienen esperanza.
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32
Día 26 Esperanza de los enfermos. En tu vida, oh
San José, no todo fue claro y fácil de
comprender. Sin embargo supiste encontrar tu
misión única e irrepetible en la historia. Te
ruego, oh San José, consolar hoy a todos los que
están afligidos por la enfermedad. Llena sus días
de personas amigas y desinteresadas.
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33
Día 27 Patrono de los moribundos. Tú, oh San
José, tuviste la suerte de morir asistido por
Jesús y tu esposa María. Tuviste siempre presente
en tu vida la meta final o sea el cielo, con la
certeza de alcanzarla siempre atento a tu
interioridad y dedicado a la contemplación.
Ayúdame, oh San José, a pensar a menudo en el
cielo donde todos somos invitados al banquete
eterno.
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34
Día 28 Amparo de las familias. Oh, San José, la
Escritura afirma que a tu lado y de María, Jesús
"crecía en edad, sabiduría y gracia". Te ruego,
oh San José, que los ni?os encuentren en la
familia el ambiente ideal para desarrollar el
amor y asumir los verdaderos valores.
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35
Día 29 Modelo de vida doméstica. Oh, San José,
en la Familia de Nazaret asumiste plenamente tu
responsabilidad con espíritu de colaboración y de
humildad evangélica. Haz, oh San José, que los
padres sepan unir todas las potencialidades del
amor humano a las de una sana y adecuada
espiritualidad.
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36
Día 30 Terror de los demonios. Oh, San José,
fortificado por la presencia y el recuerdo de
Jesús has podido vencer siempre cualquier ataque
a tu fe por parte del demonio. Limpia, oh San
José, mi corazón y mi mente de toda maldad para
que sea un cristiano lleno de vida redimido por
la sangre de Cristo.
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37
Día 31 Patrono de la Iglesia Universal. Oh, San
José, por la misión que te fue confiada a la
iglesia de Cristo haciendo que camine siempre en
la verdad y el amor para ser luz del mundo. Guía
oh, San José, a la Iglesia de Cristo en el camino
de la santidad para que sea siempre más eficaz y
alegre anunciadora del Evangelio.
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38
  • TRIDUO A SAN JOSé
  • Puede comenzarse el 17 de cada mes para terminar
    el día 19. Especialmente para ofrecerse en el mes
    de Marzo.
  • Por la se?al de la Santa Cruz, de nuestros
    enemigos, líbranos, Se?or Dios nuestro. En el
    nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.
  • Se?or mío Jesucristo...
  • V. Benditos y alabados sean los dulcísimos
    nombres de Jesús, María y José.R. Amén.?

39
  • ORACIóN INICIAL PARA TODOS LOS DíAS
  • A Vos recurrimos, bondadoso Patriarca, y con
    todo el fervor de nuestro afligido corazón os
    pedimos que, desde el trono de gloria en que os
    colocaron vuestras virtudes y merecimientos,
    escuchéis propicio nuestras súplicas y tengáis
    piedad de nosotros.
  • Humildemente confesamos que nuestras
    tribulaciones son pena de nuestras culpas por
    eso con dolor de corazón, pedimos a Dios perdón
    de todas ellas. Alcanzádnoslo, amoroso San José,
    y por el amor que profesasteis a vuestro Jesús y
    María y por la autoridad que sobre ellos
    ejercitasteis acá en la tierra, interceded ahora
    por nosotros en el cielo escuchando nuestras
    peticiones y presentándolas Vos mismo a vuestra
    Esposa inmaculada y a vuestro Divino Hijo para
    que sean favorablemente despachadas, para mayor
    gloria de Dios y santificación de nuestras almas.
    Amén.
  • Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen
    María y amable protector mío San José!, que jamás
    se ha oído decir que ninguno haya invocado
    vuestra protección e implorado vuestro auxilio
    sin haber sido consolado. Lleno, pues, de
    confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis
    con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra
    presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor.
    No desechéis mis súplicas, antes bien, acogedlas
    y dignaos acceder a ellas piadosamente. Amén.

40
  • ORACIóN FINAL PARA TODOS LOS DíAS
  • Gloriosísimo Patriarca San José, castísimo
    Esposo de la Madre de Dios a vuestro amparo
    acudimos, no desatendáis nuestras súplicas y
    libradnos de todos los peligros.
  • V. Bendito Patriarca San José, rogad por
    nosotros.R. Para que seamos dignos de la gracia
    que imploramos.
  • Santísima Virgen María, Madre de Dios y
    Madre nuestra, unid vuestros ruegos a los de
    vuestro castísimo Esposo y por los maternales
    cuidados que prodigasteis al Ni?o Jesús,
    interceded y rogad por nosotros para que seamos
    dignos de alcanzar la gracia que hemos pedido.
  • Sacratísimo Corazón de Jesús, oíd benigno
    las súplicas de María, llena de gracia, y de
    José, varón justo, para que por su intercesión
    logremos el favor solicitado, si ha de ser a
    mayor honra y gloria vuestra y bien de nuestras
    almas. Vos que vivís y reináis por todos los
    siglos de los siglos. Amén.

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  • DíA PRIMERO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • Aquí nos tenéis en vuestra gloriosa
    presencia, dulce protector nuestro San José,
    implorando vuestro eficaz patrocinio. Dirigid, oh
    gran Santo, una mirada amorosa sobre nosotros,
    miserables hijos de Eva, y alcanzadnos con la
    gracia que os hemos pedido y las Virtudes de la
    humildad, pureza y obediencia, la dicha de morir
    asistidos de Jesús, de vuestra Esposa y de Vos,
    para bendeciros y alabaros en el cielo
    eternamente. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

42
  • DíA SEGUNDO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • A vuestros pies nos postramos con el más
    humilde afecto, oh incomparable protector
    nuestro San José!, confiando en vuestro eficaz
    patrocinio. Dirigid, oh gran Santo!, una mirada
    amorosa sobre nosotros, miserables pecadores
    hijos de Eva, y alcanzadnos la gracia que os
    hemos pedido juntamente con las tres virtudes de
    tierna piedad, gratitud a los divinos beneficios
    y firme confianza en Dios, que tanto y con tanto
    fruto practicasteis Vos mismo, a fin de que
    enriquecidos con ellas, podamos expirar
    dulcemente en los brazos de Jesús y María, y
    alabarlos después en vuestra compa?ía en el
    cielo, por toda la eternidad. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

43
  • DíA TERCERO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • Postrados ante Vos, insigne protector
    nuestro San José, acudimos también hoy en demanda
    de vuestro eficaz patrocinio. Dirigid, oh gran
    Santo!, una mirada amorosa sobre nosotros,
    miserables hijos de Eva, y presentad nuestras
    súplicas al Padre Eterno, cuyas veces hicisteis
    en la tierra tutelando a su Divino Hijo
    ofrecedlas también al Espíritu Santo, de quien
    fuisteis representante como Esposo de María
    presentadlas, en fin, al Hijo para que sean
    benignamente atendidas por la Santísima Trinidad,
    objeto de todo nuestro amor, ahora y siempre, por
    todos los siglos. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

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44
  • DEVOCIóN EN HONOR DE LOS
  • DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSé
  • Toda la vida de S. José fue un acto continuo
    de fe y obediencia en las circunstancias más
    difíciles y oscuras en que le puso Dios. él es al
    pie de la letra "el administrador fiel y solícito
    a quien el Se?or ha puesto al frente de su
    familia" (Lc 12, 42). Desde tiempo inmemorial, la
    Iglesia lo ha venido venerando e invocando como
    continuador en ella de la misión que un día
    tuviera para con su Fundador y Madre. En los
    momentos de noche oscura, el ejemplo de José es
    un estímulo inquebrantable para la aceptación sin
    reservas de la voluntad de Dios. Para propiciar
    ese veneración e imitación y para solicitar su
    ayuda, ponemos a continuación el siempre actual
    Ejercicio de los siete Dolores y Gozos.
  • Por la se?al de la Santa Cruz, de nuestros
    enemigos, líbranos Se?or Dios nuestro. En el
    Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.

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  • OFRECIMIENTO
  • Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo
    de los afligidos y seguro refugio de los
    moribundos dignaos aceptar el obsequio de este
    Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros
    siete dolores y gozos. Y así como en vuestra
    feliz muerte, Jesucristo y su madre María os
    asistieron y consolaron tan amorosamente, así
    también Vos, asistidme en aquel trance, para que,
    no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la
    caridad, me haga digno, por los méritos de la
    sangre de Nuestro Se?or Jesucristo y vuestro
    patrocinio, de la consecución de la vida eterna,
    y por tanto de vuestra compa?ía en el Cielo.
    Amén.

46
  • PRIMER DOLOR Y GOZO
  • Cuando viste a tu esposa que esperaba un
    hijo, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el ángel te dijo
    que el Creador de este mundo por padre te
    escogió.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes a las familias en su camino a seguir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y
    Padre Virginal de Jesús, ruega por nosotros
    pecadores ahora y en la hora de? nuestra muerte.
    Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte
    llegaré, tu patrocinio me ampare y el de Jesús y
    María.

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  • SEGUNDO DOLOR Y GOZO
  • A Jesús ves nacido sin hogar ni abrigo, qué
    dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande fue tu
    alegría, cuando sencillos pastores proclaman ante
    el ni?ito las maravillas de Dios.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que del humilde aprendamos en nuestro diario
    vivir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

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  • TERCER DOLOR Y GOZO
  • Cuando viste la sangre del peque?o Ni?o, que
    dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande fue tu
    alegría, cuando Jesús lo llamaste y en ese nombre
    encontraste la salvación de Dios.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que siempre en Cristo encontremos el motivo de
    existir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

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  • CUARTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando escuchas que el ni?o sufrirá con tu
    amada, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el profeta te dice
    que el Se?or lo ha escogido como la luz de
    Israel.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que Cristo nos ilumine y nos ayude a vivir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

50
  • QUINTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando el ángel te manda vayas pronto a
    Egipto, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el peligro pasaste
    y con María brindaste todo tu amor a Jesús.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes al exiliado y al que tiene que partir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

51
  • SEXTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando sientes de nuevo que Jesús peligra
    qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande
    fue tu alegría, cuando volviste a tu tierra y con
    Jesús y María ahí pudiste habitar.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes al perseguido, al que le toca sufrir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

52
  • SéPTIMO DOLOR Y GOZO
  • Cuando pierdes al ni?o por tres largos días
    qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande
    fue tu alegría cuando en el Templo lo encuentran
    explicando a los doctores la palabra del Se?or.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que orientes al extraviado que no sabe a dónde
    ir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

53
  • ANTíFONA
  • Jesús tenía la edad de unos treinta a?os y
    era tenido por hijo de San José.
  • ORACIóN FINAL
  • Oh Dios, que con inefable providencia, os
    dignasteis elegir al bienaventurado José por
    esposo de vuestra Santísima Madre, os rogamos nos
    concedáis tener como intercesor en los cielos al
    que en la tierra veneramos como protector. Vos
    que vivís y reináis por los siglos de los siglos.
    Amén.
  • Fuente Centro Josefino de Centro América
  • http//www.centroiph.org/

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54
  • ORACIóN A SAN JOSé
  • A ti bienaventurado San José, acudimos en
    nuestra tribulación y después de implorar el
    auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos
    también confiadamente tu patrocinio.
  • Por aquella caridad que con la Inmaculada
    Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por
    el paterno amor con que abrazaste al ni?o Jesús,
    humildemente te suplicamos que vuelvas benigno
    los ojos a la herencia que con su sangre adquirió
    Jesucristo y con tu poder y auxilio nos socorras
    en nuestras necesidades.
  • Protege, oh providentísimo custodio de la
    Sagrada Familia, a la escogida descendencia de
    Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de
    error y de corrupción asístenos propicio desde
    el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta
    lucha contra el poder de las tinieblas y así como
    en otro tiempo libraste al ni?o Jesús de los
    peligros inminentes de su vida, así ahora
    defiende a la Iglesia santa de Dios de las
    asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad y
    a cada uno de nosotros protégenos con tu perpetuo
    patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos
    por tu auxilio podamos santamente vivir,
    piadosamente morir y alcanzar en el cielo la
    bienaventuranza eterna. Amén.

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55
  • EN EL TALLER DE JOSE
  • Homilía pronunciada por Monse?or Escrivá el 19 de
    Marzo de 1963. Se contiene en el volumen Es
    Cristo que pasa
  • La Iglesia entera reconoce en San José a su
    protector y patrono. A lo largo de los siglos se
    ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de
    su vida, continuamente fiel a la misión que Dios
    le había confiado. Por eso, desde hace muchos
    a?os, me gusta invocarle con un título
    entra?able Nuestro Padre y Se?or.

56
San José es realmente Padre y Se?or, que
protege y acompa?a en su camino terreno a quienes
le veneran, como protegió y acompa?ó a Jesús
mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se
descubre que el Santo Patriarca es, además,
Maestro de vida interior porque nos ense?a a
conocer a Jesús, a convivir con El, a sabernos
parte de la familia de Dios. San José nos da esas
lecciones siendo, como fue, un hombre corriente,
un padre de familia, un trabajador que se ganaba
la vida con el esfuerzo de sus manos. Y ese hecho
tiene también, para nosotros, un significado que
es motivo de reflexión y de alegría. Al
celebrar hoy su fiesta, quiero evocar su figura,
trayendo a la memoria lo que de él nos dice el
Evangelio, para poder así descubrir mejor lo que,
a través de la vida sencilla del Esposo de Santa
María, nos transmite Dios. La figura de San
José en el Evangelio Tanto San Mateo como
San Lucas nos hablan de San José como de un varón
que descendía de una estirpe ilustre la de David
y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta
ascendencia son históricamente algo confusos no
sabemos cuál de las dos genealogías, que traen
los evangelistas, corresponde a María Madre de
Jesús según la carne y cuál a San José, que era
su padre según la ley judía. Ni sabemos si la
ciudad natal de San José fue Belén, a donde se
dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y
trabajaba.
57
Sabemos, en cambio, que no era una persona
rica era un trabajador, como millones de otros
hombres en todo el mundo ejercía el oficio
fatigoso y humilde que Dios había escogido para
sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir
treinta a?os como uno más entre nosotros.
La Sagrada Escritura dice que José era artesano.
Varios Padres a?aden que fue carpintero. San
Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús,
afirma que hacía arados y yugos quizá,
basándose en esas palabras, San Isidoro de
Sevilla concluye que José era herrero. En todo
caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus
conciudadanos, que tenía una habilidad manual,
fruto de a?os de esfuerzo y de sudor. De
las narraciones evangélicas se desprende la gran
personalidad humana de José en ningún momento se
nos aparece como un hombre apocado o asustado
ante la vida al contrario, sabe enfrentarse con
los problemas, salir adelante en las situaciones
difíciles, asumir con responsabilidad e
iniciativa las tareas que se le encomiendan.
No estoy de acuerdo con la forma clásica de
representar a San José como un hombre anciano,
aunque se haya hecho con la buena intención de
destacar la perpetua virginidad de María. Yo me
lo imagino joven, fuerte, quizá con algunos a?os
más que Nuestra Se?ora, pero en la plenitud de la
edad y de la energía humana.
58
Para vivir la virtud de la castidad, no hay
que esperar a ser viejo o a carecer de vigor. La
pureza nace del amor y, para el amor limpio, no
son obstáculos la robustez y la alegría de la
juventud. Joven era el corazón y el cuerpo de San
José cuando contrajo matrimonio con María, cuando
supo del misterio de su Maternidad divina, cuando
vivió junto a Ella respetando la integridad que
Dios quería legar al mundo, como una se?al más de
su venida entre las criaturas. Quien no sea capaz
de entender un amor así, sabe muy poco de lo que
es el verdadero amor, y desconoce por entero el
sentido cristiano de la castidad. Era José,
decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como
tantos otros. Y qué puede esperar de la vida un
habitante de una aldea perdida, como era Nazaret?
Sólo trabajo, todos los días, siempre con el
mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa
pobre y peque?a, para reponer las fuerzas y
recomenzar al día siguiente la tarea. Pero
el nombre de José significa, en hebreo, Dios
a?adirá. Dios a?ade, a la vida santa de los que
cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas
lo importante, lo que da su valor a todo, lo
divino. Dios, a la vida humilde y santa de José,
a?adió si se me permite hablar así la vida de
la Virgen María y la de Jesús, Se?or Nuestro.
Dios no se deja nunca ganar en generosidad. José
podía hacer suyas las palabras que pronunció
Santa María, su esposa Quia fecit mihi magna qui
potens est, ha hecho en mi cosas grandes Aquel
que es todopoderoso, quia respexit humilitatem,
porque se fijó en mi peque?ez.
59
José era efectivamente un hombre corriente,
en el que Dios se confió para obrar cosas
grandes. Supo vivir, tal y como el Se?or quería,
todos y cada uno de los acontecimientos que
compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa
alaba a José, afirmando que era justo . Y, en el
lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso,
servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la
voluntad divina otras veces significa bueno y
caritativo con el prójimo . En una palabra, el
justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor,
cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su
vida en servicio de sus hermanos, los demás
hombres. La fe, el amor y la esperanza de José
No está la justicia en la mera sumisión a
una regla la rectitud debe nacer de dentro, debe
ser honda, vital, porque el justo vive de la fe .
Vivir de la fe esas palabras que fueron luego
tantas veces tema de meditación para el apóstol
Pablo, se ven realizadas con creces en San José.
Su cumplimiento de la voluntad de Dios no es
rutinario ni formalista, sino espontáneo y
profundo. La ley que vivía todo judío practicante
no fue para él un simple código ni una
recopilación fría de preceptos, sino expresión de
la voluntad de Dios vivo. Por eso supo reconocer
la voz del Se?or cuando se le manifestó
inesperada, sorprendente.
60
Porque la historia del Santo Patriarca fue
una vida sencilla, pero no una vida fácil.
Después de momentos angustiosos, sabe que el Hijo
de María ha sido concebido por obra del Espíritu
Santo. Y ese Ni?o, Hijo de Dios, descendiente de
David según la carne, nace en una cueva. Angeles
celebran su nacimiento y personalidades de
tierras lejanas vienen a adorarle, pero el Rey de
Judea desea su muerte y se hace necesario huir.
El hijo de Dios es, en la apariencia, un ni?o
indefenso, que vivirá en Egipto. Al narrar
estas escenas en su Evangelio, San Mateo pone
constantemente de relieve la fidelidad de José,
que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones,
aunque a veces el sentido de esos mandatos le
pudiera parecer oscuro o se le ocultara su
conexión con el resto de los planes divinos.
En muchas ocasiones los Padres de la Iglesia y
los autores espirituales hacen resaltar esta
firmeza de la fe de San José. Refiriéndose a las
palabras del ángel que le ordena huir de Herodes
y refugiarse en Egipto , el Crisóstomo comenta
Al oír esto, José no se escandalizó ni dijo eso
parece un enigma. Tú mismo hacías saber no ha
mucho que El salvaría a su pueblo, y ahora no es
capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos
necesidad de huir, de emprender un viaje y sufrir
un largo desplazamiento eso es contrario a tu
promesa. José no discurre de este modo, porque es
un varón fiel. Tampoco pregunta por el tiempo de
la vuelta, a pesar de que el ángel lo había
dejado indeterminado, puesto que le había dicho
está allí en Egipto hasta que yo te diga. Sin
embargo, no por eso se crea dificultades, sino
que obedece y cree y soporta todas las pruebas
alegremente.
61
La fe de José no vacila, su obediencia es
siempre estricta y rápida. Para comprender mejor
esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca,
es bueno que consideremos que su fe es activa, y
que su docilidad no presenta la actitud de la
obediencia de quien se deja arrastrar por los
acontecimientos. Porque la fe cristiana es lo más
opuesto al conformismo, o a la falta de actividad
y de energía interiores. José se abandonó
sin reservas en las manos de Dios, pero nunca
rehusó reflexionar sobre los acontecimientos, y
así pudo alcanzar del Se?or ese grado de
inteligencia de las obras de Dios, que es la
verdadera sabiduría. De este modo, aprendió poco
a poco que los designios sobrenaturales tienen
una coherencia divina, que está a veces en
contradicción con los planes humanos. En
las diversas circunstancias de su vida, el
Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación
de su responsabilidad. Al contrario coloca al
servicio de la fe toda su experiencia humana.
Cuando vuelve de Egipto oyendo que Arquelao
reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes,
temió ir allá . Ha aprendido a moverse dentro del
plan divino y, como confirmación de que
efectivamente Dios quiere eso que él entrevé,
recibe la indicación de retirarse a Galilea.
62
Así fue la fe de San José plena,
confiada, íntegra, manifestada en una entrega
eficaz a la voluntad de Dios, en una obediencia
inteligente. Y, con la fe, la caridad, el amor.
Su fe se funde con el Amor con el amor de Dios
que estaba cumpliendo las promesas hechas a
Abraham, a Jacob, a Moisés con el cari?o de
esposo hacia María, y con el cari?o de padre
hacia Jesús. Fe y amor en la esperanza de la gran
misión que Dios, sirviéndose también de él un
carpintero de Galilea, estaba iniciando en el
mundo le redención de los hombres. Fe,
amor, esperanza estos son los ejes de la vida de
San José y los de toda vida cristiana. La entrega
de San José aparece tejida de ese entrecruzarse
de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza
confiada. Su fiesta es, por eso, un buen momento
para que todos renovemos nuestra entrega a la
vocación de cristianos, que a cada uno de
nosotros ha concedido el Se?or. Cuando se
desea sinceramente vivir de fe, de amor y de
esperanza, la renovación de la entrega no es
volver a tomar algo que estaba en desuso. Cuando
hay fe, amor y esperanza, renovarse es a pesar
de los errores personales, de las caídas, de las
debilidades mantenerse en las manos de Dios
confirmar un camino de fidelidad. Renovar la
entrega es renovar, repito, la fidelidad a lo que
el Se?or quiere de nosotros amar con obras.
63
El amor tiene necesariamente sus
características manifestaciones. Algunas veces se
habla del amor como si fuera un impulso hacia la
propia satisfacción, o un mero recurso para
completar egoístamente la propia personalidad. Y
no es así amor verdadero es salir de sí mismo,
entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero
es una alegría que tiene sus raíces en forma de
cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos
llegado a la plenitud de la vida futura, no puede
haber amor verdadero sin experiencia del
sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea,
que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero
dolor real, porque supone vencer el propio
egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de
cada una de nuestras acciones. Las obras
del Amor son siempre grandes, aunque se trate de
cosas peque?as en apariencia. Dios se ha acercado
a los hombres, pobres criaturas, y nos ha dicho
que nos ama Deliciae meae esse cum filiis
hominum , mis delicias son estar entre los hijos
de los hombres. El Se?or nos da a conocer que
todo tiene importancia las acciones que, con
ojos humanos, consideramos extraordinarias esas
otras que, en cambio, calificamos de poca
categoría. Nada se pierde. Ningún hombre es
despreciado por Dios. Todos, siguiendo cada uno
su propia vocación en su hogar, en su profesión
u oficio, en el cumplimiento de las obligaciones
que le corresponden por su estado, en sus deberes
de ciudadano, en el ejercicio de sus derechos,
estamos llamados a participar del reino de los
cielos.
64
Eso nos ense?a la vida de San José
sencilla, normal y ordinaria, hecha de a?os de
trabajo siempre igual, de días humanamente
monótonos, que se suceden los unos a los otros.
Lo he pensado muchas veces, al meditar sobre la
figura de San José, y ésta es una de las razones
que hace que sienta por él una devoción especial.
Cuando en su discurso de clausura de la
primera sesión del concilio Vaticano II, el
pasado 8 de diciembre, el Santo Padre Juan XXIII
anunció que en el canon de la misa se haría
mención del nombre de San José, una altísima
personalidad eclesiástica me llamó en seguida por
teléfono para decirme Rallegramenti!
Felicidades! al escuchar ese anuncio pensé en
seguida en usted, en la alegría que le habría
producido. Y así era porque en la asamblea
conciliar, que representa a la Iglesia entera
reunida en el Espíritu Santo, se proclama el
inmenso valor sobrenatural de la vida de San
José, el valor de una vida sencilla de trabajo
cara a Dios, en total cumplimiento de la divina
voluntad.
65
Santificar el trabajo, santificarse en el
trabajo, santificar con el trabajo
Describiendo el espíritu de la asociación a la
que he dedicado mi vida, el Opus Dei, he dicho
que se apoya, como en su quicio, en el trabajo
ordinario, en el trabajo profesional ejercido en
medio del mundo. La vocación divina nos da una
misión, nos invita a participar en la tarea única
de la Iglesia, para ser así testimonio de Cristo
ante nuestros iguales los hombres y llevar todas
las cosas hacia Dios. La vocación enciende
una luz que nos hace reconocer el sentido de
nuestra existencia. Es convencerse, con el
resplandor de la fe, del porqué de nuestra
realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la
pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo,
una profundidad que antes no sospechábamos. Todos
los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su
verdadero sitio entendemos adónde quiere
conducirnos el Se?or, y nos sentimos como
arrollados por ese encargo que se nos confía.
Dios nos saca de las tinieblas de nuestra
ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las
incidencias de la historia, y nos llama con voz
fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con
Andrés Venite post me, et faciam vos fieri
piscatores hominum , seguidme y yo os haré
pescadores de hombres, cualquiera que sea el
puesto que en el mundo ocupemos. El que
vive de fe puede encontrar la dificultad y la
lucha, el dolor y hasta la amargura, pero nunca
el desánimo ni la angustia porque sabe que su
vida sirve, sabe para qué ha venido a esta
tierra. Ego sum lux mundi exclamó Cristo qui
sequitur me non ambulat in tenebris, sed habebit
lumen vitae . Yo soy la luz del mundo el que me
sigue no camina a oscuras, sino que poseerá la
luz de la vida.
66
Para merecer esa luz de Dios hace falta
amar, tener la humildad de reconocer nuestra
necesidad de ser salvados, y decir con Pedro
Se?or, a quién iremos? Tú guardas palabras de
vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido
que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios . Si
actuamos de verdad así, si dejamos entrar en
nuestro corazón la llamada de Dios, podremos
repetir también con verdad que no caminamos en
tinieblas, pues por encima de nuestras miserias y
de nuestros defectos personales, brilla la luz de
Dios, como el sol brilla sobre la tempestad.
La fe y la vocación de cristianos afectan a toda
nuestra existencia, y no sólo a una parte. Las
relaciones con Dios son necesariamente relaciones
de entrega, y asumen un sentido de totalidad. La
actitud del hombre de fe es mirar la vida, con
todas sus dimensiones, desde una perspectiva
nueva la que nos da Dios. Vosotros, que
celebráis hoy conmigo esta fiesta de San José,
sois todos hombres dedicados al trabajo en
diversas profesiones humanas, formáis diversos
hogares, pertenecéis a tan distintas naciones,
razas y lenguas. Os habéis educado en aulas de
centros docentes o en talleres y oficinas, habéis
ejercido durante a?os vuestra profesión, habéis
entablado relaciones profesionales y personales
con vuestros compa?eros, habéis participado en la
solución de los problemas colectivos de vuestras
empresas y de vuestra sociedad.
67
Pues bien os recuerdo, una vez más, que
todo eso no es ajeno a los planes divinos.
Vuestra vocación humana es parte, y parte
importante, de vuestra vocación divina. Esta es
la razón por la cual os tenéis que santificar,
contribuyendo al mismo tiempo a la santificación
de los demás, de vuestros iguales, precisamente
santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente
esa profesión u oficio que llena vuestros días,
que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad
humana, que es vuestra manera de estar en el
mundo ese hogar, esa familia vuestra y esa
nación, en la que habéis nacido y a la que amáis.
El trabajo acompa?a inevitablemente la vida
del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el
esfuerzo, la fatiga, el cansancio
manifestaciones del dolor y de la lucha que
forman parte de nuestra existencia humana actual,
y que son signos de la realidad del pecado y de
la necesidad de la redención. Pero el trabajo en
sí mismo no es una pena, ni una maldición o un
castigo quienes hablan así no han leído bien la
Escritura Santa. Es hora de que los
cristianos digamos muy alto que el trabajo es un
don de Dios, y que no tiene ningún sentido
dividir a los hombres en diversas categorías
según los tipos de trabajo, considerando unas
tareas más nobles que otras. El trabajo, todo
trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre,
de su domino sobre la creación. Es ocasión de
desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo
de unión con los demás seres, fuente de recursos
para sostener a la propia familia medio de
contribuir a la mejora de la sociedad, en la que
se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
68
Para un cristiano, esas perspectivas se
alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece
como participación en la obra creadora de Dios,
que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole
Procread y multiplicaos y henchid la tierra y
sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en
las aves del cielo, y en todo animal que se mueve
sobre la tierra . Porque, además, al haber sido
asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta
como realidad redimida y redentora no sólo es el
ámbito en el que el hombre vive, sino medio y
camino de santidad, realidad santificable y
santificadora. Conviene no olvidar, por
tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada
en el Amor. El gran privilegio del hombre es
poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo
transitorio. Puede amar a las otras criaturas,
decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede
amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo,
que nos constituye miembros de su familia, que
nos autoriza a hablarle también de tú a Tú, cara
a cara. Por eso el hombre no debe limitarse
a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo
nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al
amor. Reconocemos a Dios no sólo en el
espectáculo de la naturaleza, sino también en la
experiencia de nuestra propia labor, de nuestro
esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de
gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en
la tierra, amados por él, herederos de sus
promesas. Es justo que se nos diga ora comáis,
ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo
todo a gloria de Dios.
69
El trabajo profesional es también
apostolado, ocasión de entrega a los demás
hombres, para revelarles a Cristo y llevarles
hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que
el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las
indicaciones, que San Pablo hace a los de Efeso,
sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha
supuesto en ellos su conversión, su llamada al
cristianismo, encontramos ésta el que hurtaba,
no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con
sus manos en alguna tarea honesta, para tener con
qué ayudar a quien tiene necesidad . Los hombres
tienen necesidad del pan de la tierra que
sostenga sus vidas, y también del pan del cielo
que ilumine y dé calor a sus corazones. Con
vuestro trabajo mismo, con las iniciativas que se
promuevan a partir de esa tarea, en vuestras
conversaciones, en vuestro trato, podéis y debéis
concretar ese precepto apostólico. Si
trabajamos con este espíritu, nuestra vida, en
medio de las limitaciones propias de la condición
terrena, será un anticipo de la gloria del cielo,
de esa comunidad con Dios y con los santos, en la
que sólo reinará el amor, la entrega, la
fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra
ocupación profesional, ordinaria y corriente,
encontraréis la materia real, consistente,
valiosa para realizar toda la vida cristiana,
para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.
70
En esa tarea profesional vuestra, hecha
cara a Dios, se pondrán en juego la fe, la
esperanza y la caridad. Sus incidencias, las
relaciones y problemas que trae consigo vuestra
labor, alimentarán vuestra oración. El esfuerzo
para sacar adelante la propia ocupación
ordinaria, será ocasión de vivir esa Cruz que es
esencial para el cristiano. La experiencia de
vuestra debilidad, los fracasos que existen
siempre en todo esfuerzo humano, os darán más
realismo, más humildad, más comprensión con los
demás. Los éxitos y las alegrías os invitarán a
dar gracias, y a pensar que no vivís para
vosotros mismos, sino para el servicio de los
demás y de Dios. Para servir, servir Para
comportarse así, para santificar la profesión,
hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad
humana y sobrenatural. Quiero recordar ahora, por
contraste, lo que cuenta uno de esos antiguos
relatos de los evangelios apócrifos El padre de
Jesús, que era carpintero, hacía arados y yugos.
Una vez continúa la narración le fue encargado
un lecho, por cierta persona de buena posición.
Pero resultó que uno de los varales era más corto
que el otro, por lo que José no sabía qué
hacerse. Entonces el Ni?o Jesús dijo a su padre
pon en tierra los dos palos e iguálalos por un
extremo. Así lo hizo José. Jesús se puso a la
otra parte, tomó el varal más corto y lo estiró,
dejándolo tan largo como el otro. José, su padre,
se llenó de admiración al ver el prodigio, y
colmó al Ni?o de abrazos y de besos, diciendo
dichoso de mí, porque Dios me ha dado este Ni?o.
71
José no daría gracias a Dios por estos
motivos su trabajo no podía ser de ese modo. San
José no es el hombre de las soluciones fáciles y
milagreras, sino el hombre de la perseverancia,
del esfuerzo y cuando hace falta del ingenio.
El cristiano sabe que Dios hace milagros que los
realizó hace siglos, que los continuó haciendo
después y que los sigue haciendo ahora, porque
non est abbreviata manus Domini , no ha
disminuido el poder de Dios. Pero los
milagros son una manifestación de la omnipotencia
salvadora de Dios, y no un expediente para
resolver las consecuencias de la ineptitud o para
facilitar nuestra comodidad. El milagro que os
pide el Se?or es la perseverancia en vuestra
vocación cristiana y divina, la santificación del
trabajo de cada día el milagro de convertir la
prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico,
por el amor que ponéis en vuestra ocupación
habitual. Ahí os espera Dios, de tal manera que
seáis almas con sentido de responsabilidad, con
afán apostólico, con competencia profesional.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os
puedo indicar éste para servir, servir. Porque,
en primer lugar, para realizar las cosas, hay que
saber terminarlas. No creo en la rectitud de
intención de quien no se esfuerza en lograr la
competencia necesaria, con el fin de cumplir
debidamente las tareas que tiene encomendadas. No
basta querer hacer el bien, sino que hay que
saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese
deseo se traducirá en el empe?o por poner los
medios adecuados para dejar las cosas acabadas,
con humana perfección.
72
Pero también ese servir humano, esa
capacidad que podríamos llamar técnica, ese saber
realizar el propio oficio, ha de estar informado
por un rasgo que fue fundamental en el trabajo de
San José y debería ser fundamental en todo
cristiano el espíritu de servicio, el deseo de
trabajar para contribuir al bien de los demás
hombres. El trabajo de José no fue una labor que
mirase hacia la autoafirmación, aunque la
dedicación a una vida operativa haya forjado en
él una personalidad madura, bien dibujada. El
Patriarca trabajaba con la conciencia de cumplir
la voluntad de Dios, pensando en el bien de los
suyos, Jesús y María, y teniendo presente el bien
de todos los habitantes de la peque?a Nazaret.
En Nazaret, José sería uno de los pocos
artesanos, si es que no era el único. Carpintero,
posiblemente. Pero, como suele suceder en los
pueblos peque?os, también sería capaz de hacer
otras cosas poner de nuevo en marcha el molino,
que no funcionaba, o arreglar antes del invierno
las grietas de un techo. José sacaba de apuros a
muchos, sin duda, con un trabajo bien acabado.
Era su labor profesional una ocupación orientada
hacia el servicio, para hacer agradable la vida a
las demás familias de la aldea, y acompa?ada de
una sonrisa, de una palabra amable, de un
comentario dicho como de pasada, pero que
devuelve la fe y la alegría a quien está a punto
de perderlas.
73
A veces, cuando se tratara de personas más
pobres que él, José trabajaría aceptando algo de
poco valor, que dejara a la otra persona con la
satisfacción de pensar que había pagado.
Normalmente José cobraría lo que fuera razonable,
ni más ni menos. Sabría exigir lo que, en
justicia, le era debido, ya que la fidelidad a
Dios no puede suponer la renuncia a derechos que
en realidad son deberes San José tenía que
exigir lo justo, porque con la recompensa de ese
trabajo debía sostener a la Familia que Dios le
había encomendado. La exigencia del propio
derecho no ha de ser fruto de un egoísmo
individualista. No se ama la justicia, si no se
ama verla cumplida con relación a los demás. Como
tampoco es lícito encerrarse en una religiosidad
cómoda, olvidando las necesidades de los otros.
El que desea ser justo a los ojos de Dios se
esfuerza también en hacer que la justicia se
realice de hecho entre los hombres. Y no sólo por
el buen motivo de que no sea injuriado el nombre
de Dios, sino porque ser cristiano significa
recoger todas las instancias nobles que hay en lo
humano. Parafraseando un conocido texto del
apóstol San Juan , se puede decir que quien
afirma que es justo con Dios pero no es justo con
los demás hombres, miente y la verdad no habita
en él. Como todos los cristianos que
vivimos aquel momento, recibí también con emoción
y alegría la decisión de celebrar la fiesta
litúrgica de San José Obrero. Esa fiesta, que es
una canonización del valor divino del trabajo,
muestra cómo la Iglesia, en su vida colectiva y
pública, se hace eco de las verdades centrales
del Evangelio, que Dios quiere que sean
especialmente meditadas en esta época nuestra.
74
Ya hemos hablado mucho de este tema en
otras ocasiones, pero permitidme insistir de
nuevo en la naturalidad y en la sencillez de la
vida de San José, que no se distanciaba de sus
convecinos ni levantaba barreras innecesarias.
Por eso, aunque quizá sea conveniente en
algunos momentos o en algunas situaciones, de
ordinario no me gusta hablar de obreros
católicos, de ingenieros católicos, de médicos
católicos, etc., como si se tratara de una
especie dentro de un género, como si los
católicos formaran un grupito separado de los
demás, creando así la sensación de que hay un
foso entre los cristianos y el resto de la
Humanidad. Respeto la opinión opuesta, pero
pienso que es mucho más propio hablar de obreros
que son católicos, o de católicos que son
obreros de ingenieros que son católicos, o de
católicos que son ingenieros. Porque el hombre
que tiene fe y ejerce una profesión intelectual,
técnica o manual, es y se siente unido a los
demás, igual a los demás, con los mismos derechos
y obligaciones, con el mismo deseo de mejorar,
con el mismo afán de enfrentarse con los
problemas comunes y de encontrarles solución.
El católico, asumiendo todo eso, sabrá hacer de
su vida diaria un testimonio de fe, de esperanza
y de caridad testimonio sencillo, normal, sin
necesidad de manifestaciones aparatosas, poniendo
de relieve con la coherencia de su vida la
constante presencia de la Iglesia en el mundo, ya
que todos los católicos son ellos mismos Iglesia,
pues son miembros con pleno derecho del único
Pueblo de Dios.
75
El trato de José con Jesús Desde hace
tiempo me gusta recitar una conmovedora
invocación a San José, que la Iglesia misma nos
propone, entre las oraciones preparatorias de la
misa José, varón bienaventurado y feliz, al que
fue concedido ver y oír al Dios, a quien muchos
reyes quisieron ver y oír, y no oyeron ni vieron.
Y no sólo verle y oírle, sino llevarlo en brazos,
besarlo, vestirlo y custodiarlo ruega por
nosotros. Esta oración nos servirá para entrar en
el última tema que voy a tocar hoy el trato
entra?able de José con Jesús. Para San
José, la vida de Jesús fue un continuo
descubrimiento de la propia vocación.
Recordábamos antes aquellos primeros a?os llenos
de circunstancias en aparente contraste
glorificación y huida, majestuosidad de los Magos
y pobreza del portal, canto de los Angeles y
silencio de los hombres. Cuando llega el momento
de presentar al Ni?o en el Templo, José, que
lleva la ofrenda modesta de un par de tórtolas,
ve cómo Simeón y Ana proclaman que Jesús es el
Mesías. Su padre y su madre escuchaban con
admiración , dice San Lucas. Más tarde, cuando el
Ni?o se queda en el Templo sin que María y José
lo sepan, al encontrarlo de nuevo después de tres
días de búsqueda, el mismo evangelista narra que
se maravillaron.
76
José se sorprende, José se admira. Dios le
va revelando sus designios y él se esfuerza por
entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de
cerca a Jesús, descubre en seguida que no es
posible andar con paso cansino, que no cabe la
rutina. Porque Dios no se conforma con la
estabilidad en un nivel conseguido, con el
descanso en lo que ya se tiene. Dios exige
continuamente más, y sus caminos no son nuestros
humanos caminos. San José, como ningún hombre
antes o después de él, ha aprendido de Jesús a
estar atento para reconocer las maravillas de
Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.
Pero si José ha aprendido de Jesús a vivir de un
modo divino, me atrevería a decir que, en lo
humano, ha ense?ado muchas cosas al Hijo de Dios.
Hay algo que no me acaba de gustar en el título
de padre putativo, con el que a veces se designa
a José, porque tiene el peligro de hacer pensar
que las relaciones entre José y Jesús eran frías
y exteriores. Ciertamente nuestra fe nos dice que
no era padre según la carne, pero no es ésa la
única paternidad.
77
A José leemos en un sermón de San
Agustín n
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ORACIONES Y DEVOCIONES A SAN JOS

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Title: ORACIONES Y DEVOCIONES A SAN JOS Author: Recopilado por Irma Barocio Esquivel Last modified by: Luis de Moya Created Date: 3/5/2008 2:03:08 AM – PowerPoint PPT presentation

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Title: ORACIONES Y DEVOCIONES A SAN JOS


1
Oraciones y devociones a San José
2
  • í N D I C E
  • (puedes ingresar directamente. Haz clic en el
    tema que desees ver)
  • Pensamientos e invocaciones a San José para el
    mes de Marzo (P. Orides Ballardín. Prov.)
  • Oración para pedir la pureza
  • Acróstico a San José (P. Reyes)
  • Triduo a San José
  • Devoción en honor de los Siete Dolores y Gozos
    de San José.
  • Oración a San José
  • EN EL TALLER DE JOSé Reflexión de San
    Josemaría Escrivá de Balaguer. Homilía
    pronunciada el 19 de Marzo de 1963
  • Canción de José Interpreta Grupo Alianza de
    Miami

3
  • PENSAMIENTOS E INVOCACIONES A SAN JOSé PARA EL
    MES DE MARZO
  • (Por P. Orides Ballardín. Prov.)

4
  • ORACIONES DIARIAS
  • Para Pedir la Pureza
  • Oh custodio y padre de vírgenes San José, a
    cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma
    inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las
    vírgenes, Maríapor estas dos queridísimas
    prendas,Jesús y María, te ruego y suplico me
    alcances que, preservado de toda impureza, sirva
    siempre castísimamente con alma limpia y corazón
    puro y cuerpo casto a Jesús y a María.
    Amén.

5
  • Acróstico a San José(P. Reyes)
  • Son tus brazos dulce cunaArrullo para tu
    ni?oNutre su sue?o de amor.
  • Justo varón, fiel esposoObrero honrado sin
    par.Sé también, Padre amorosoEl guardián de
    nuestro hogar.

6
San José, castísimo esposo de la Santísima Virgen
María Ruega por nosotros!
Marzo
Sábado
Viernes
Jueves
Miércoles
Martes
Lunes
Domingo
1
2
3
4
5
6
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30
31
(clic en el día que quieras meditar)
En la postrera agonía, cuando mi muerte llegare,
tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María
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7
  • Día 1 Padre adoptivo de Jesús. Escogido por el
    Eterno Padre con amor previsor y gratuito, para
    ser custodio y defensor de Jesús, tú, oh San
    José, entras plenamente en el proyecto de la
    Salvación, según las promesas hechas por Dios al
    pueblo hebreo. Ayúdame, San José, a leer hoy, con
    amor, el Evangelio que describe la genealogía de
    Jesús.

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8
Día 2 Custodio de Jesús. Durante la vida terrena
de Jesús, tú, oh San José, no te has preocupado
de hacer cosas grandes sino de hacer bien la
voluntad de Dios, también en las cosas más
sencillas y humildes, con mucho empe?o y amor.
Ensé?ame San José la prontitud en buscar y
realizar la voluntad de Dios.
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9
Día 3 Esposo de la Madre de Dios. Después de la
perturbación inicial, oh San José, tu "sí" a la
voluntad de Dios fue claro y preciso, aceptando a
María como Esposa. Entonces, por ti, Jesús entró
en la genealogía de David con pleno derecho
delante de la ley y de la sociedad. Te confiamos,
oh San José, a todos los padres para que
siguiendo tu ejemplo acepten en el seno materno
el don inestimable de la vida humana.
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10
Día 4 El hombre del silencio. Te acostumbraste
al silencio, oh San José, estando con Jesús y
María. La casa de Nazaret era un templo y en el
templo, sobre todo, se reza!.Ensé?ame, oh San
José, a dominar mi locuacidad y a cultivar el
espíritu de recogimiento.
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11
Día 5 El hombre de fe. Más que Abraham, a ti, oh
San José, te tocó creer en lo que es humanamente
impensable la maternidad de una virgen, la
encarnación del hijo de Dios. Fortalece, oh San
José, a quien se desanima y abre los corazones
para confiar en la Providencia de Dios.
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12
Día 6 El hombre de la esperanza. En la persona
de Jesús, oh San José, tuviste la garantía del
cielo y, por lo tanto, siempre estuviste lleno de
profunda paz interior. Aumenta, oh San José, mis
motivos para tener coraje, alimenta el aceite
para mis lámparas.
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13
Día7 El hombre del amor a Dios. Oh San José, tú
diste pruebas de amor a Dios cuidando
amorosamente a Jesús en vida escondida y en
profunda sintonía con la voluntad de Dios.
Ensé?ame oh San José, a amar a Dios con todo mi
corazón, con toda mi mente y con todas mis
fuerzas.
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14
Día 8 El hombre de la acogida. Oh San José,
diste ejemplo de espíritu de acogida en la
afectuosa ternura con tu esposa, en los servicios
prestados a la gente, buena o mala, y estando
siempre al lado de Jesús, el salvador de las
almas. Oh San José, Que yo descubra aquellos
gestos que me hacen imagen viva de Dios amor, los
gestos de acogida y de paz, los gestos de
disponibilidad y de dedicación incondicional!
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15
Día 9 El hombre del discernimiento. Con los ojos
del alma, oh San José, ordenaste tu vida de
piedad, tu trabajo, tu alimento, tu reposo, tus
pensamientos más profundos, tus afectos, tus
juicios, tus intenciones en el obrar. Ayúdame oh
San José, a avanzar en las virtudes por la acción
del Espíritu Santo que renueva la vida de las
personas y de las comunidades.
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16
Día 10 El hombre de la docilidad. Santo Tomás
define la docilidad como atención constante y
deferente a las ense?anzas de los sabios. Tú, oh
José, fuiste siempre muy dócil a las ense?anzas
de Jesús y de María, su Madre. Aleja de nosotros
oh San José, la presunción, la tonta estima de
mis opiniones, la obstinación de seguir mis ideas.
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17
Día 11 El hombre de la entrega. Tú oh San José,
no perdías tiempo en cosas vanas e inútiles y no
obrabas con disgusto o mala gana. Ayúdame oh San
José, en la oración, a no permitir que mi alma,
se quede dormida y alcánzame una habitual
disposición y fervor en mi vida.
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18
Día 12 El hombre de la simplicidad. Esta virtud
oh San José, hacía parte de tu carácter y cada
día más se perfeccionaba por el desapego de las
criaturas. Ayúdame oh San José, a desear y gustar
solamente a Dios y a despegarme de todo lo que no
sirve para mi vida espiritual.
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19
Día 13 El hombre de la confianza. Tu seguridad
oh San José, estaba en adherir a la voluntad de
Dios como se manifestaba día tras día. Haz oh San
José, que nosotros tengamos la seguridad de quien
confía en Dios y que en cualquier situación,
aunque adversa, estemos en sus manos.
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20
Día 14 El hombre de la paz. Tú, oh San José,
fuiste el custodio de aquel que trajo la paz al
mundo, que predicó el amor, la fraternidad y la
unidad y proclamó " felices los que trabajan por
la paz". Oh San José, ayúdame a promover la paz
en el ambiente donde yo vivo y trabajo.
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21
Día 15 Ejemplo de humildad. Como te sentías
peque?o a tus ojos, oh San José!, Como amabas tu
peque?ez!. No hiciste milagros y mantuviste tu
vida tan escondida que casi nada sabemos de ella.
Ayúdame, oh San José, a huir de las alabanzas y
de la gloria humana. Haz que encuentre gusto en
vivir escondido y en relativizar mis intereses
personales.
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22
Día 16 Ejemplo de fortaleza. Sin duda, oh San
José, tu fortaleza alcanzó un grado de perfección
muy elevado. Ella se manifestó especialmente en
el soportar con serenidad el exilio en Egipto y
la dureza del trabajo de cada día. Ayúdame oh San
José, a no desfallecer frente a las tentaciones,
fatigas y sufrimientos.
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23
Día 17 Ejemplo de obediencia. Tu obediencia, oh
San José, fue admirable, especialmente cuando
tuviste que huir a Egipto, luego de una orden
delante de la cual habías tenido tantas razones
para no realizar. Aleja de mí, oh San José, todas
las excusas que mi egoísmo plantea para no
cumplir la voluntad de Dios.
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24
Día 18 Ejemplo de justicia. Viviendo alejado de
las cosas del mundo, oh San José, practicaste
siempre la virtud de la justicia especialmente a
través de tu trabajo de carpintero. Y qué
respeto tuviste para con el Rey y la Reina del
Cielo! Alcánzame, oh San José total pureza de
intenciones y de corazón y plena adhesión a Dios
y a su voluntad.
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25
Día 19 Ejemplo de prudencia. Tu prudencia, oh
San José, se manifestó en el desapego del mundo,
en la castidad, en la pobreza, en tu espíritu de
pobre y en la dedicación al trabajo de cada día.
Haz, oh San José, que yo no haga nada sin antes
confirmarme "que sirve esto para la eternidad".
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26
Día 20 Ejemplo de pobreza. Tú, oh San José,
viviste la pobreza voluntaria, sufriste las
privaciones y las incomodidades de la pobreza,
pero no quisiste cambiar tu condición por ningún
tesoro de este mundo. Obténme, oh San José, la
gracia del desapegarme de las riquezas y de
desear únicamente los bienes eternos.
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27
Día 21 Ejemplo de gratitud. Nadie después de tu
Esposa, oh San José, recibió tanto como tú, de la
bondad de Dios. En tu justicia dabas gracias a
Dios continuamente. Veías solo a Dios, pensabas
sólo en Dios no obrabas sino por éL. Haz, oh
San José, que yo tenga vergüenza de mis
ingratitudes y que tenga valentía de humillarme
delante de Dios.
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28
Día 22 Ejemplo a los obreros. Como cada uno de
nosotros, también tú, oh San José, probaste la
fatiga, y el cansancio del trabajo de cada día.
Ayúdame, oh San José, a redescubrir la dignidad
de mi trabajo, sea cual sea, y de desarrollarlo
con entusiasmo para el bien de todos.
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29
Día 23 Ejemplo de la misión. Oh, San José, Que
gran amor tuviste por las almas! Cuantas
oraciones hiciste para su salvación! Y todo eso
inspirado por Cristo que habría de morir por la
salvación del mundo!. Haz, oh San José, que yo
pueda con la palabra y con la vida, ayudar al
hombre de hoy a encontrar a Jesús, la Palabra que
da respuesta definitiva a todas las preguntas
esenciales del hombre.
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30
Día 24 Custodio de la virginidad. La Voz del
Espíritu Santo encontró en tí, oh San José total
acogida, porque tu vida fue llena únicamente de
Dios y tu fuerza fue sólo el amor que tuviste
para él. Haz, oh San José, que yo deje mis
caminos y siga sólo a Dios que me llama a
participar de su vida, y que tenga fuerza de
hacer fructificar sus dones.
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31
Día 25 Consuelo de los que sufren. Oh San José,
toda tu vida estuvo marcada por el sufrimiento
exilio, trabajo, pobreza. Pero tu corazón era
feliz y tu alma siempre serena. Ayúdame oh San
José, a darme cuenta de que la vida eterna y no
el dolor, es la verdadera vocación del hombre.
Presérvame ahora y siempre del llanto de los que
no tienen esperanza.
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32
Día 26 Esperanza de los enfermos. En tu vida, oh
San José, no todo fue claro y fácil de
comprender. Sin embargo supiste encontrar tu
misión única e irrepetible en la historia. Te
ruego, oh San José, consolar hoy a todos los que
están afligidos por la enfermedad. Llena sus días
de personas amigas y desinteresadas.
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33
Día 27 Patrono de los moribundos. Tú, oh San
José, tuviste la suerte de morir asistido por
Jesús y tu esposa María. Tuviste siempre presente
en tu vida la meta final o sea el cielo, con la
certeza de alcanzarla siempre atento a tu
interioridad y dedicado a la contemplación.
Ayúdame, oh San José, a pensar a menudo en el
cielo donde todos somos invitados al banquete
eterno.
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34
Día 28 Amparo de las familias. Oh, San José, la
Escritura afirma que a tu lado y de María, Jesús
"crecía en edad, sabiduría y gracia". Te ruego,
oh San José, que los ni?os encuentren en la
familia el ambiente ideal para desarrollar el
amor y asumir los verdaderos valores.
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35
Día 29 Modelo de vida doméstica. Oh, San José,
en la Familia de Nazaret asumiste plenamente tu
responsabilidad con espíritu de colaboración y de
humildad evangélica. Haz, oh San José, que los
padres sepan unir todas las potencialidades del
amor humano a las de una sana y adecuada
espiritualidad.
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36
Día 30 Terror de los demonios. Oh, San José,
fortificado por la presencia y el recuerdo de
Jesús has podido vencer siempre cualquier ataque
a tu fe por parte del demonio. Limpia, oh San
José, mi corazón y mi mente de toda maldad para
que sea un cristiano lleno de vida redimido por
la sangre de Cristo.
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37
Día 31 Patrono de la Iglesia Universal. Oh, San
José, por la misión que te fue confiada a la
iglesia de Cristo haciendo que camine siempre en
la verdad y el amor para ser luz del mundo. Guía
oh, San José, a la Iglesia de Cristo en el camino
de la santidad para que sea siempre más eficaz y
alegre anunciadora del Evangelio.
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38
  • TRIDUO A SAN JOSé
  • Puede comenzarse el 17 de cada mes para terminar
    el día 19. Especialmente para ofrecerse en el mes
    de Marzo.
  • Por la se?al de la Santa Cruz, de nuestros
    enemigos, líbranos, Se?or Dios nuestro. En el
    nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.
  • Se?or mío Jesucristo...
  • V. Benditos y alabados sean los dulcísimos
    nombres de Jesús, María y José.R. Amén.?

39
  • ORACIóN INICIAL PARA TODOS LOS DíAS
  • A Vos recurrimos, bondadoso Patriarca, y con
    todo el fervor de nuestro afligido corazón os
    pedimos que, desde el trono de gloria en que os
    colocaron vuestras virtudes y merecimientos,
    escuchéis propicio nuestras súplicas y tengáis
    piedad de nosotros.
  • Humildemente confesamos que nuestras
    tribulaciones son pena de nuestras culpas por
    eso con dolor de corazón, pedimos a Dios perdón
    de todas ellas. Alcanzádnoslo, amoroso San José,
    y por el amor que profesasteis a vuestro Jesús y
    María y por la autoridad que sobre ellos
    ejercitasteis acá en la tierra, interceded ahora
    por nosotros en el cielo escuchando nuestras
    peticiones y presentándolas Vos mismo a vuestra
    Esposa inmaculada y a vuestro Divino Hijo para
    que sean favorablemente despachadas, para mayor
    gloria de Dios y santificación de nuestras almas.
    Amén.
  • Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen
    María y amable protector mío San José!, que jamás
    se ha oído decir que ninguno haya invocado
    vuestra protección e implorado vuestro auxilio
    sin haber sido consolado. Lleno, pues, de
    confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis
    con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra
    presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor.
    No desechéis mis súplicas, antes bien, acogedlas
    y dignaos acceder a ellas piadosamente. Amén.

40
  • ORACIóN FINAL PARA TODOS LOS DíAS
  • Gloriosísimo Patriarca San José, castísimo
    Esposo de la Madre de Dios a vuestro amparo
    acudimos, no desatendáis nuestras súplicas y
    libradnos de todos los peligros.
  • V. Bendito Patriarca San José, rogad por
    nosotros.R. Para que seamos dignos de la gracia
    que imploramos.
  • Santísima Virgen María, Madre de Dios y
    Madre nuestra, unid vuestros ruegos a los de
    vuestro castísimo Esposo y por los maternales
    cuidados que prodigasteis al Ni?o Jesús,
    interceded y rogad por nosotros para que seamos
    dignos de alcanzar la gracia que hemos pedido.
  • Sacratísimo Corazón de Jesús, oíd benigno
    las súplicas de María, llena de gracia, y de
    José, varón justo, para que por su intercesión
    logremos el favor solicitado, si ha de ser a
    mayor honra y gloria vuestra y bien de nuestras
    almas. Vos que vivís y reináis por todos los
    siglos de los siglos. Amén.

41
  • DíA PRIMERO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • Aquí nos tenéis en vuestra gloriosa
    presencia, dulce protector nuestro San José,
    implorando vuestro eficaz patrocinio. Dirigid, oh
    gran Santo, una mirada amorosa sobre nosotros,
    miserables hijos de Eva, y alcanzadnos con la
    gracia que os hemos pedido y las Virtudes de la
    humildad, pureza y obediencia, la dicha de morir
    asistidos de Jesús, de vuestra Esposa y de Vos,
    para bendeciros y alabaros en el cielo
    eternamente. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

42
  • DíA SEGUNDO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • A vuestros pies nos postramos con el más
    humilde afecto, oh incomparable protector
    nuestro San José!, confiando en vuestro eficaz
    patrocinio. Dirigid, oh gran Santo!, una mirada
    amorosa sobre nosotros, miserables pecadores
    hijos de Eva, y alcanzadnos la gracia que os
    hemos pedido juntamente con las tres virtudes de
    tierna piedad, gratitud a los divinos beneficios
    y firme confianza en Dios, que tanto y con tanto
    fruto practicasteis Vos mismo, a fin de que
    enriquecidos con ellas, podamos expirar
    dulcemente en los brazos de Jesús y María, y
    alabarlos después en vuestra compa?ía en el
    cielo, por toda la eternidad. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

43
  • DíA TERCERO
  • Comenzar con la oración preparatoria para
    todos los días.
  • Postrados ante Vos, insigne protector
    nuestro San José, acudimos también hoy en demanda
    de vuestro eficaz patrocinio. Dirigid, oh gran
    Santo!, una mirada amorosa sobre nosotros,
    miserables hijos de Eva, y presentad nuestras
    súplicas al Padre Eterno, cuyas veces hicisteis
    en la tierra tutelando a su Divino Hijo
    ofrecedlas también al Espíritu Santo, de quien
    fuisteis representante como Esposo de María
    presentadlas, en fin, al Hijo para que sean
    benignamente atendidas por la Santísima Trinidad,
    objeto de todo nuestro amor, ahora y siempre, por
    todos los siglos. Amén.
  • Pídase la gracia que se desea. Rezar siete
    Padrenuestros y Avemarías en memoria de los siete
    dolores y gozos de San José. Terminar con la
    oración final para todos los días.

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44
  • DEVOCIóN EN HONOR DE LOS
  • DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSé
  • Toda la vida de S. José fue un acto continuo
    de fe y obediencia en las circunstancias más
    difíciles y oscuras en que le puso Dios. él es al
    pie de la letra "el administrador fiel y solícito
    a quien el Se?or ha puesto al frente de su
    familia" (Lc 12, 42). Desde tiempo inmemorial, la
    Iglesia lo ha venido venerando e invocando como
    continuador en ella de la misión que un día
    tuviera para con su Fundador y Madre. En los
    momentos de noche oscura, el ejemplo de José es
    un estímulo inquebrantable para la aceptación sin
    reservas de la voluntad de Dios. Para propiciar
    ese veneración e imitación y para solicitar su
    ayuda, ponemos a continuación el siempre actual
    Ejercicio de los siete Dolores y Gozos.
  • Por la se?al de la Santa Cruz, de nuestros
    enemigos, líbranos Se?or Dios nuestro. En el
    Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Amén.

45
  • OFRECIMIENTO
  • Glorioso Patriarca San José, eficaz consuelo
    de los afligidos y seguro refugio de los
    moribundos dignaos aceptar el obsequio de este
    Ejercicio que voy a rezar en memoria de vuestros
    siete dolores y gozos. Y así como en vuestra
    feliz muerte, Jesucristo y su madre María os
    asistieron y consolaron tan amorosamente, así
    también Vos, asistidme en aquel trance, para que,
    no faltando yo a la fe, a la esperanza y a la
    caridad, me haga digno, por los méritos de la
    sangre de Nuestro Se?or Jesucristo y vuestro
    patrocinio, de la consecución de la vida eterna,
    y por tanto de vuestra compa?ía en el Cielo.
    Amén.

46
  • PRIMER DOLOR Y GOZO
  • Cuando viste a tu esposa que esperaba un
    hijo, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el ángel te dijo
    que el Creador de este mundo por padre te
    escogió.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes a las familias en su camino a seguir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y
    Padre Virginal de Jesús, ruega por nosotros
    pecadores ahora y en la hora de? nuestra muerte.
    Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte
    llegaré, tu patrocinio me ampare y el de Jesús y
    María.

47
  • SEGUNDO DOLOR Y GOZO
  • A Jesús ves nacido sin hogar ni abrigo, qué
    dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande fue tu
    alegría, cuando sencillos pastores proclaman ante
    el ni?ito las maravillas de Dios.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que del humilde aprendamos en nuestro diario
    vivir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

48
  • TERCER DOLOR Y GOZO
  • Cuando viste la sangre del peque?o Ni?o, que
    dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande fue tu
    alegría, cuando Jesús lo llamaste y en ese nombre
    encontraste la salvación de Dios.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que siempre en Cristo encontremos el motivo de
    existir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

49
  • CUARTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando escuchas que el ni?o sufrirá con tu
    amada, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el profeta te dice
    que el Se?or lo ha escogido como la luz de
    Israel.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que Cristo nos ilumine y nos ayude a vivir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

50
  • QUINTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando el ángel te manda vayas pronto a
    Egipto, qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas
    grande fue tu alegría, cuando el peligro pasaste
    y con María brindaste todo tu amor a Jesús.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes al exiliado y al que tiene que partir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

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  • SEXTO DOLOR Y GOZO
  • Cuando sientes de nuevo que Jesús peligra
    qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande
    fue tu alegría, cuando volviste a tu tierra y con
    Jesús y María ahí pudiste habitar.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que ayudes al perseguido, al que le toca sufrir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

52
  • SéPTIMO DOLOR Y GOZO
  • Cuando pierdes al ni?o por tres largos días
    qué dolor sentiste, Se?or San José. Mas grande
    fue tu alegría cuando en el Templo lo encuentran
    explicando a los doctores la palabra del Se?or.
  • Por este dolor y gozo, te queremos hoy pedir
    que orientes al extraviado que no sabe a dónde
    ir.
  • Se?or San José dignísimo esposo de María y Padre
    Virginal de Jesús, ruega por nosotros pecadores
    ahora y en la hora de? nuestra muerte. Amén.
  • Gloria a la Trinidad del cielo Padre, Hijo y
    Espíritu Santo. Honra a la trinidad de la tierra
    Jesús, María Y José
  • En la postrera agonía cuando mi muerte llegaré,
    tu patrocinio me ampare y el de Jesús y María.

53
  • ANTíFONA
  • Jesús tenía la edad de unos treinta a?os y
    era tenido por hijo de San José.
  • ORACIóN FINAL
  • Oh Dios, que con inefable providencia, os
    dignasteis elegir al bienaventurado José por
    esposo de vuestra Santísima Madre, os rogamos nos
    concedáis tener como intercesor en los cielos al
    que en la tierra veneramos como protector. Vos
    que vivís y reináis por los siglos de los siglos.
    Amén.
  • Fuente Centro Josefino de Centro América
  • http//www.centroiph.org/

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54
  • ORACIóN A SAN JOSé
  • A ti bienaventurado San José, acudimos en
    nuestra tribulación y después de implorar el
    auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos
    también confiadamente tu patrocinio.
  • Por aquella caridad que con la Inmaculada
    Virgen María, Madre de Dios, te tuvo unido y por
    el paterno amor con que abrazaste al ni?o Jesús,
    humildemente te suplicamos que vuelvas benigno
    los ojos a la herencia que con su sangre adquirió
    Jesucristo y con tu poder y auxilio nos socorras
    en nuestras necesidades.
  • Protege, oh providentísimo custodio de la
    Sagrada Familia, a la escogida descendencia de
    Jesucristo, aparta de nosotros toda mancha de
    error y de corrupción asístenos propicio desde
    el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta
    lucha contra el poder de las tinieblas y así como
    en otro tiempo libraste al ni?o Jesús de los
    peligros inminentes de su vida, así ahora
    defiende a la Iglesia santa de Dios de las
    asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad y
    a cada uno de nosotros protégenos con tu perpetuo
    patrocinio para que a ejemplo tuyo y sostenidos
    por tu auxilio podamos santamente vivir,
    piadosamente morir y alcanzar en el cielo la
    bienaventuranza eterna. Amén.

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55
  • EN EL TALLER DE JOSE
  • Homilía pronunciada por Monse?or Escrivá el 19 de
    Marzo de 1963. Se contiene en el volumen Es
    Cristo que pasa
  • La Iglesia entera reconoce en San José a su
    protector y patrono. A lo largo de los siglos se
    ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de
    su vida, continuamente fiel a la misión que Dios
    le había confiado. Por eso, desde hace muchos
    a?os, me gusta invocarle con un título
    entra?able Nuestro Padre y Se?or.

56
San José es realmente Padre y Se?or, que
protege y acompa?a en su camino terreno a quienes
le veneran, como protegió y acompa?ó a Jesús
mientras crecía y se hacía hombre. Tratándole se
descubre que el Santo Patriarca es, además,
Maestro de vida interior porque nos ense?a a
conocer a Jesús, a convivir con El, a sabernos
parte de la familia de Dios. San José nos da esas
lecciones siendo, como fue, un hombre corriente,
un padre de familia, un trabajador que se ganaba
la vida con el esfuerzo de sus manos. Y ese hecho
tiene también, para nosotros, un significado que
es motivo de reflexión y de alegría. Al
celebrar hoy su fiesta, quiero evocar su figura,
trayendo a la memoria lo que de él nos dice el
Evangelio, para poder así descubrir mejor lo que,
a través de la vida sencilla del Esposo de Santa
María, nos transmite Dios. La figura de San
José en el Evangelio Tanto San Mateo como
San Lucas nos hablan de San José como de un varón
que descendía de una estirpe ilustre la de David
y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta
ascendencia son históricamente algo confusos no
sabemos cuál de las dos genealogías, que traen
los evangelistas, corresponde a María Madre de
Jesús según la carne y cuál a San José, que era
su padre según la ley judía. Ni sabemos si la
ciudad natal de San José fue Belén, a donde se
dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y
trabajaba.
57
Sabemos, en cambio, que no era una persona
rica era un trabajador, como millones de otros
hombres en todo el mundo ejercía el oficio
fatigoso y humilde que Dios había escogido para
sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir
treinta a?os como uno más entre nosotros.
La Sagrada Escritura dice que José era artesano.
Varios Padres a?aden que fue carpintero. San
Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús,
afirma que hacía arados y yugos quizá,
basándose en esas palabras, San Isidoro de
Sevilla concluye que José era herrero. En todo
caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus
conciudadanos, que tenía una habilidad manual,
fruto de a?os de esfuerzo y de sudor. De
las narraciones evangélicas se desprende la gran
personalidad humana de José en ningún momento se
nos aparece como un hombre apocado o asustado
ante la vida al contrario, sabe enfrentarse con
los problemas, salir adelante en las situaciones
difíciles, asumir con responsabilidad e
iniciativa las tareas que se le encomiendan.
No estoy de acuerdo con la forma clásica de
representar a San José como un hombre anciano,
aunque se haya hecho con la buena intención de
destacar la perpetua virginidad de María. Yo me
lo imagino joven, fuerte, quizá con algunos a?os
más que Nuestra Se?ora, pero en la plenitud de la
edad y de la energía humana.
58
Para vivir la virtud de la castidad, no hay
que esperar a ser viejo o a carecer de vigor. La
pureza nace del amor y, para el amor limpio, no
son obstáculos la robustez y la alegría de la
juventud. Joven era el corazón y el cuerpo de San
José cuando contrajo matrimonio con María, cuando
supo del misterio de su Maternidad divina, cuando
vivió junto a Ella respetando la integridad que
Dios quería legar al mundo, como una se?al más de
su venida entre las criaturas. Quien no sea capaz
de entender un amor así, sabe muy poco de lo que
es el verdadero amor, y desconoce por entero el
sentido cristiano de la castidad. Era José,
decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como
tantos otros. Y qué puede esperar de la vida un
habitante de una aldea perdida, como era Nazaret?
Sólo trabajo, todos los días, siempre con el
mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa
pobre y peque?a, para reponer las fuerzas y
recomenzar al día siguiente la tarea. Pero
el nombre de José significa, en hebreo, Dios
a?adirá. Dios a?ade, a la vida santa de los que
cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas
lo importante, lo que da su valor a todo, lo
divino. Dios, a la vida humilde y santa de José,
a?adió si se me permite hablar así la vida de
la Virgen María y la de Jesús, Se?or Nuestro.
Dios no se deja nunca ganar en generosidad. José
podía hacer suyas las palabras que pronunció
Santa María, su esposa Quia fecit mihi magna qui
potens est, ha hecho en mi cosas grandes Aquel
que es todopoderoso, quia respexit humilitatem,
porque se fijó en mi peque?ez.
59
José era efectivamente un hombre corriente,
en el que Dios se confió para obrar cosas
grandes. Supo vivir, tal y como el Se?or quería,
todos y cada uno de los acontecimientos que
compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa
alaba a José, afirmando que era justo . Y, en el
lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso,
servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la
voluntad divina otras veces significa bueno y
caritativo con el prójimo . En una palabra, el
justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor,
cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su
vida en servicio de sus hermanos, los demás
hombres. La fe, el amor y la esperanza de José
No está la justicia en la mera sumisión a
una regla la rectitud debe nacer de dentro, debe
ser honda, vital, porque el justo vive de la fe .
Vivir de la fe esas palabras que fueron luego
tantas veces tema de meditación para el apóstol
Pablo, se ven realizadas con creces en San José.
Su cumplimiento de la voluntad de Dios no es
rutinario ni formalista, sino espontáneo y
profundo. La ley que vivía todo judío practicante
no fue para él un simple código ni una
recopilación fría de preceptos, sino expresión de
la voluntad de Dios vivo. Por eso supo reconocer
la voz del Se?or cuando se le manifestó
inesperada, sorprendente.
60
Porque la historia del Santo Patriarca fue
una vida sencilla, pero no una vida fácil.
Después de momentos angustiosos, sabe que el Hijo
de María ha sido concebido por obra del Espíritu
Santo. Y ese Ni?o, Hijo de Dios, descendiente de
David según la carne, nace en una cueva. Angeles
celebran su nacimiento y personalidades de
tierras lejanas vienen a adorarle, pero el Rey de
Judea desea su muerte y se hace necesario huir.
El hijo de Dios es, en la apariencia, un ni?o
indefenso, que vivirá en Egipto. Al narrar
estas escenas en su Evangelio, San Mateo pone
constantemente de relieve la fidelidad de José,
que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones,
aunque a veces el sentido de esos mandatos le
pudiera parecer oscuro o se le ocultara su
conexión con el resto de los planes divinos.
En muchas ocasiones los Padres de la Iglesia y
los autores espirituales hacen resaltar esta
firmeza de la fe de San José. Refiriéndose a las
palabras del ángel que le ordena huir de Herodes
y refugiarse en Egipto , el Crisóstomo comenta
Al oír esto, José no se escandalizó ni dijo eso
parece un enigma. Tú mismo hacías saber no ha
mucho que El salvaría a su pueblo, y ahora no es
capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos
necesidad de huir, de emprender un viaje y sufrir
un largo desplazamiento eso es contrario a tu
promesa. José no discurre de este modo, porque es
un varón fiel. Tampoco pregunta por el tiempo de
la vuelta, a pesar de que el ángel lo había
dejado indeterminado, puesto que le había dicho
está allí en Egipto hasta que yo te diga. Sin
embargo, no por eso se crea dificultades, sino
que obedece y cree y soporta todas las pruebas
alegremente.
61
La fe de José no vacila, su obediencia es
siempre estricta y rápida. Para comprender mejor
esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca,
es bueno que consideremos que su fe es activa, y
que su docilidad no presenta la actitud de la
obediencia de quien se deja arrastrar por los
acontecimientos. Porque la fe cristiana es lo más
opuesto al conformismo, o a la falta de actividad
y de energía interiores. José se abandonó
sin reservas en las manos de Dios, pero nunca
rehusó reflexionar sobre los acontecimientos, y
así pudo alcanzar del Se?or ese grado de
inteligencia de las obras de Dios, que es la
verdadera sabiduría. De este modo, aprendió poco
a poco que los designios sobrenaturales tienen
una coherencia divina, que está a veces en
contradicción con los planes humanos. En
las diversas circunstancias de su vida, el
Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación
de su responsabilidad. Al contrario coloca al
servicio de la fe toda su experiencia humana.
Cuando vuelve de Egipto oyendo que Arquelao
reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes,
temió ir allá . Ha aprendido a moverse dentro del
plan divino y, como confirmación de que
efectivamente Dios quiere eso que él entrevé,
recibe la indicación de retirarse a Galilea.
62
Así fue la fe de San José plena,
confiada, íntegra, manifestada en una entrega
eficaz a la voluntad de Dios, en una obediencia
inteligente. Y, con la fe, la caridad, el amor.
Su fe se funde con el Amor con el amor de Dios
que estaba cumpliendo las promesas hechas a
Abraham, a Jacob, a Moisés con el cari?o de
esposo hacia María, y con el cari?o de padre
hacia Jesús. Fe y amor en la esperanza de la gran
misión que Dios, sirviéndose también de él un
carpintero de Galilea, estaba iniciando en el
mundo le redención de los hombres. Fe,
amor, esperanza estos son los ejes de la vida de
San José y los de toda vida cristiana. La entrega
de San José aparece tejida de ese entrecruzarse
de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza
confiada. Su fiesta es, por eso, un buen momento
para que todos renovemos nuestra entrega a la
vocación de cristianos, que a cada uno de
nosotros ha concedido el Se?or. Cuando se
desea sinceramente vivir de fe, de amor y de
esperanza, la renovación de la entrega no es
volver a tomar algo que estaba en desuso. Cuando
hay fe, amor y esperanza, renovarse es a pesar
de los errores personales, de las caídas, de las
debilidades mantenerse en las manos de Dios
confirmar un camino de fidelidad. Renovar la
entrega es renovar, repito, la fidelidad a lo que
el Se?or quiere de nosotros amar con obras.
63
El amor tiene necesariamente sus
características manifestaciones. Algunas veces se
habla del amor como si fuera un impulso hacia la
propia satisfacción, o un mero recurso para
completar egoístamente la propia personalidad. Y
no es así amor verdadero es salir de sí mismo,
entregarse. El amor trae consigo la alegría, pero
es una alegría que tiene sus raíces en forma de
cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos
llegado a la plenitud de la vida futura, no puede
haber amor verdadero sin experiencia del
sacrificio, del dolor. Un dolor que se paladea,
que es amable, que es fuente de íntimo gozo, pero
dolor real, porque supone vencer el propio
egoísmo, y tomar el Amor como regla de todas y de
cada una de nuestras acciones. Las obras
del Amor son siempre grandes, aunque se trate de
cosas peque?as en apariencia. Dios se ha acercado
a los hombres, pobres criaturas, y nos ha dicho
que nos ama Deliciae meae esse cum filiis
hominum , mis delicias son estar entre los hijos
de los hombres. El Se?or nos da a conocer que
todo tiene importancia las acciones que, con
ojos humanos, consideramos extraordinarias esas
otras que, en cambio, calificamos de poca
categoría. Nada se pierde. Ningún hombre es
despreciado por Dios. Todos, siguiendo cada uno
su propia vocación en su hogar, en su profesión
u oficio, en el cumplimiento de las obligaciones
que le corresponden por su estado, en sus deberes
de ciudadano, en el ejercicio de sus derechos,
estamos llamados a participar del reino de los
cielos.
64
Eso nos ense?a la vida de San José
sencilla, normal y ordinaria, hecha de a?os de
trabajo siempre igual, de días humanamente
monótonos, que se suceden los unos a los otros.
Lo he pensado muchas veces, al meditar sobre la
figura de San José, y ésta es una de las razones
que hace que sienta por él una devoción especial.
Cuando en su discurso de clausura de la
primera sesión del concilio Vaticano II, el
pasado 8 de diciembre, el Santo Padre Juan XXIII
anunció que en el canon de la misa se haría
mención del nombre de San José, una altísima
personalidad eclesiástica me llamó en seguida por
teléfono para decirme Rallegramenti!
Felicidades! al escuchar ese anuncio pensé en
seguida en usted, en la alegría que le habría
producido. Y así era porque en la asamblea
conciliar, que representa a la Iglesia entera
reunida en el Espíritu Santo, se proclama el
inmenso valor sobrenatural de la vida de San
José, el valor de una vida sencilla de trabajo
cara a Dios, en total cumplimiento de la divina
voluntad.
65
Santificar el trabajo, santificarse en el
trabajo, santificar con el trabajo
Describiendo el espíritu de la asociación a la
que he dedicado mi vida, el Opus Dei, he dicho
que se apoya, como en su quicio, en el trabajo
ordinario, en el trabajo profesional ejercido en
medio del mundo. La vocación divina nos da una
misión, nos invita a participar en la tarea única
de la Iglesia, para ser así testimonio de Cristo
ante nuestros iguales los hombres y llevar todas
las cosas hacia Dios. La vocación enciende
una luz que nos hace reconocer el sentido de
nuestra existencia. Es convencerse, con el
resplandor de la fe, del porqué de nuestra
realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la
pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo,
una profundidad que antes no sospechábamos. Todos
los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su
verdadero sitio entendemos adónde quiere
conducirnos el Se?or, y nos sentimos como
arrollados por ese encargo que se nos confía.
Dios nos saca de las tinieblas de nuestra
ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las
incidencias de la historia, y nos llama con voz
fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con
Andrés Venite post me, et faciam vos fieri
piscatores hominum , seguidme y yo os haré
pescadores de hombres, cualquiera que sea el
puesto que en el mundo ocupemos. El que
vive de fe puede encontrar la dificultad y la
lucha, el dolor y hasta la amargura, pero nunca
el desánimo ni la angustia porque sabe que su
vida sirve, sabe para qué ha venido a esta
tierra. Ego sum lux mundi exclamó Cristo qui
sequitur me non ambulat in tenebris, sed habebit
lumen vitae . Yo soy la luz del mundo el que me
sigue no camina a oscuras, sino que poseerá la
luz de la vida.
66
Para merecer esa luz de Dios hace falta
amar, tener la humildad de reconocer nuestra
necesidad de ser salvados, y decir con Pedro
Se?or, a quién iremos? Tú guardas palabras de
vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido
que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios . Si
actuamos de verdad así, si dejamos entrar en
nuestro corazón la llamada de Dios, podremos
repetir también con verdad que no caminamos en
tinieblas, pues por encima de nuestras miserias y
de nuestros defectos personales, brilla la luz de
Dios, como el sol brilla sobre la tempestad.
La fe y la vocación de cristianos afectan a toda
nuestra existencia, y no sólo a una parte. Las
relaciones con Dios son necesariamente relaciones
de entrega, y asumen un sentido de totalidad. La
actitud del hombre de fe es mirar la vida, con
todas sus dimensiones, desde una perspectiva
nueva la que nos da Dios. Vosotros, que
celebráis hoy conmigo esta fiesta de San José,
sois todos hombres dedicados al trabajo en
diversas profesiones humanas, formáis diversos
hogares, pertenecéis a tan distintas naciones,
razas y lenguas. Os habéis educado en aulas de
centros docentes o en talleres y oficinas, habéis
ejercido durante a?os vuestra profesión, habéis
entablado relaciones profesionales y personales
con vuestros compa?eros, habéis participado en la
solución de los problemas colectivos de vuestras
empresas y de vuestra sociedad.
67
Pues bien os recuerdo, una vez más, que
todo eso no es ajeno a los planes divinos.
Vuestra vocación humana es parte, y parte
importante, de vuestra vocación divina. Esta es
la razón por la cual os tenéis que santificar,
contribuyendo al mismo tiempo a la santificación
de los demás, de vuestros iguales, precisamente
santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente
esa profesión u oficio que llena vuestros días,
que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad
humana, que es vuestra manera de estar en el
mundo ese hogar, esa familia vuestra y esa
nación, en la que habéis nacido y a la que amáis.
El trabajo acompa?a inevitablemente la vida
del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el
esfuerzo, la fatiga, el cansancio
manifestaciones del dolor y de la lucha que
forman parte de nuestra existencia humana actual,
y que son signos de la realidad del pecado y de
la necesidad de la redención. Pero el trabajo en
sí mismo no es una pena, ni una maldición o un
castigo quienes hablan así no han leído bien la
Escritura Santa. Es hora de que los
cristianos digamos muy alto que el trabajo es un
don de Dios, y que no tiene ningún sentido
dividir a los hombres en diversas categorías
según los tipos de trabajo, considerando unas
tareas más nobles que otras. El trabajo, todo
trabajo, es testimonio de la dignidad del hombre,
de su domino sobre la creación. Es ocasión de
desarrollo de la propia personalidad. Es vínculo
de unión con los demás seres, fuente de recursos
para sostener a la propia familia medio de
contribuir a la mejora de la sociedad, en la que
se vive, y al progreso de toda la Humanidad.
68
Para un cristiano, esas perspectivas se
alargan y se amplían. Porque el trabajo aparece
como participación en la obra creadora de Dios,
que, al crear al hombre, lo bendijo diciéndole
Procread y multiplicaos y henchid la tierra y
sojuzgadla, y dominad en los peces del mar, y en
las aves del cielo, y en todo animal que se mueve
sobre la tierra . Porque, además, al haber sido
asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta
como realidad redimida y redentora no sólo es el
ámbito en el que el hombre vive, sino medio y
camino de santidad, realidad santificable y
santificadora. Conviene no olvidar, por
tanto, que esta dignidad del trabajo está fundada
en el Amor. El gran privilegio del hombre es
poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo
transitorio. Puede amar a las otras criaturas,
decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede
amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo,
que nos constituye miembros de su familia, que
nos autoriza a hablarle también de tú a Tú, cara
a cara. Por eso el hombre no debe limitarse
a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo
nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al
amor. Reconocemos a Dios no sólo en el
espectáculo de la naturaleza, sino también en la
experiencia de nuestra propia labor, de nuestro
esfuerzo. El trabajo es así oración, acción de
gracias, porque nos sabemos colocados por Dios en
la tierra, amados por él, herederos de sus
promesas. Es justo que se nos diga ora comáis,
ora bebáis, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo
todo a gloria de Dios.
69
El trabajo profesional es también
apostolado, ocasión de entrega a los demás
hombres, para revelarles a Cristo y llevarles
hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que
el Espíritu Santo derrama en las almas. Entre las
indicaciones, que San Pablo hace a los de Efeso,
sobre cómo debe manifestarse el cambio que ha
supuesto en ellos su conversión, su llamada al
cristianismo, encontramos ésta el que hurtaba,
no hurte ya, antes bien trabaje, ocupándose con
sus manos en alguna tarea honesta, para tener con
qué ayudar a quien tiene necesidad . Los hombres
tienen necesidad del pan de la tierra que
sostenga sus vidas, y también del pan del cielo
que ilumine y dé calor a sus corazones. Con
vuestro trabajo mismo, con las iniciativas que se
promuevan a partir de esa tarea, en vuestras
conversaciones, en vuestro trato, podéis y debéis
concretar ese precepto apostólico. Si
trabajamos con este espíritu, nuestra vida, en
medio de las limitaciones propias de la condición
terrena, será un anticipo de la gloria del cielo,
de esa comunidad con Dios y con los santos, en la
que sólo reinará el amor, la entrega, la
fidelidad, la amistad, la alegría. En vuestra
ocupación profesional, ordinaria y corriente,
encontraréis la materia real, consistente,
valiosa para realizar toda la vida cristiana,
para actualizar la gracia que nos viene de Cristo.
70
En esa tarea profesional vuestra, hecha
cara a Dios, se pondrán en juego la fe, la
esperanza y la caridad. Sus incidencias, las
relaciones y problemas que trae consigo vuestra
labor, alimentarán vuestra oración. El esfuerzo
para sacar adelante la propia ocupación
ordinaria, será ocasión de vivir esa Cruz que es
esencial para el cristiano. La experiencia de
vuestra debilidad, los fracasos que existen
siempre en todo esfuerzo humano, os darán más
realismo, más humildad, más comprensión con los
demás. Los éxitos y las alegrías os invitarán a
dar gracias, y a pensar que no vivís para
vosotros mismos, sino para el servicio de los
demás y de Dios. Para servir, servir Para
comportarse así, para santificar la profesión,
hace falta ante todo trabajar bien, con seriedad
humana y sobrenatural. Quiero recordar ahora, por
contraste, lo que cuenta uno de esos antiguos
relatos de los evangelios apócrifos El padre de
Jesús, que era carpintero, hacía arados y yugos.
Una vez continúa la narración le fue encargado
un lecho, por cierta persona de buena posición.
Pero resultó que uno de los varales era más corto
que el otro, por lo que José no sabía qué
hacerse. Entonces el Ni?o Jesús dijo a su padre
pon en tierra los dos palos e iguálalos por un
extremo. Así lo hizo José. Jesús se puso a la
otra parte, tomó el varal más corto y lo estiró,
dejándolo tan largo como el otro. José, su padre,
se llenó de admiración al ver el prodigio, y
colmó al Ni?o de abrazos y de besos, diciendo
dichoso de mí, porque Dios me ha dado este Ni?o.
71
José no daría gracias a Dios por estos
motivos su trabajo no podía ser de ese modo. San
José no es el hombre de las soluciones fáciles y
milagreras, sino el hombre de la perseverancia,
del esfuerzo y cuando hace falta del ingenio.
El cristiano sabe que Dios hace milagros que los
realizó hace siglos, que los continuó haciendo
después y que los sigue haciendo ahora, porque
non est abbreviata manus Domini , no ha
disminuido el poder de Dios. Pero los
milagros son una manifestación de la omnipotencia
salvadora de Dios, y no un expediente para
resolver las consecuencias de la ineptitud o para
facilitar nuestra comodidad. El milagro que os
pide el Se?or es la perseverancia en vuestra
vocación cristiana y divina, la santificación del
trabajo de cada día el milagro de convertir la
prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico,
por el amor que ponéis en vuestra ocupación
habitual. Ahí os espera Dios, de tal manera que
seáis almas con sentido de responsabilidad, con
afán apostólico, con competencia profesional.
Por eso, como lema para vuestro trabajo, os
puedo indicar éste para servir, servir. Porque,
en primer lugar, para realizar las cosas, hay que
saber terminarlas. No creo en la rectitud de
intención de quien no se esfuerza en lograr la
competencia necesaria, con el fin de cumplir
debidamente las tareas que tiene encomendadas. No
basta querer hacer el bien, sino que hay que
saber hacerlo. Y, si realmente queremos, ese
deseo se traducirá en el empe?o por poner los
medios adecuados para dejar las cosas acabadas,
con humana perfección.
72
Pero también ese servir humano, esa
capacidad que podríamos llamar técnica, ese saber
realizar el propio oficio, ha de estar informado
por un rasgo que fue fundamental en el trabajo de
San José y debería ser fundamental en todo
cristiano el espíritu de servicio, el deseo de
trabajar para contribuir al bien de los demás
hombres. El trabajo de José no fue una labor que
mirase hacia la autoafirmación, aunque la
dedicación a una vida operativa haya forjado en
él una personalidad madura, bien dibujada. El
Patriarca trabajaba con la conciencia de cumplir
la voluntad de Dios, pensando en el bien de los
suyos, Jesús y María, y teniendo presente el bien
de todos los habitantes de la peque?a Nazaret.
En Nazaret, José sería uno de los pocos
artesanos, si es que no era el único. Carpintero,
posiblemente. Pero, como suele suceder en los
pueblos peque?os, también sería capaz de hacer
otras cosas poner de nuevo en marcha el molino,
que no funcionaba, o arreglar antes del invierno
las grietas de un techo. José sacaba de apuros a
muchos, sin duda, con un trabajo bien acabado.
Era su labor profesional una ocupación orientada
hacia el servicio, para hacer agradable la vida a
las demás familias de la aldea, y acompa?ada de
una sonrisa, de una palabra amable, de un
comentario dicho como de pasada, pero que
devuelve la fe y la alegría a quien está a punto
de perderlas.
73
A veces, cuando se tratara de personas más
pobres que él, José trabajaría aceptando algo de
poco valor, que dejara a la otra persona con la
satisfacción de pensar que había pagado.
Normalmente José cobraría lo que fuera razonable,
ni más ni menos. Sabría exigir lo que, en
justicia, le era debido, ya que la fidelidad a
Dios no puede suponer la renuncia a derechos que
en realidad son deberes San José tenía que
exigir lo justo, porque con la recompensa de ese
trabajo debía sostener a la Familia que Dios le
había encomendado. La exigencia del propio
derecho no ha de ser fruto de un egoísmo
individualista. No se ama la justicia, si no se
ama verla cumplida con relación a los demás. Como
tampoco es lícito encerrarse en una religiosidad
cómoda, olvidando las necesidades de los otros.
El que desea ser justo a los ojos de Dios se
esfuerza también en hacer que la justicia se
realice de hecho entre los hombres. Y no sólo por
el buen motivo de que no sea injuriado el nombre
de Dios, sino porque ser cristiano significa
recoger todas las instancias nobles que hay en lo
humano. Parafraseando un conocido texto del
apóstol San Juan , se puede decir que quien
afirma que es justo con Dios pero no es justo con
los demás hombres, miente y la verdad no habita
en él. Como todos los cristianos que
vivimos aquel momento, recibí también con emoción
y alegría la decisión de celebrar la fiesta
litúrgica de San José Obrero. Esa fiesta, que es
una canonización del valor divino del trabajo,
muestra cómo la Iglesia, en su vida colectiva y
pública, se hace eco de las verdades centrales
del Evangelio, que Dios quiere que sean
especialmente meditadas en esta época nuestra.
74
Ya hemos hablado mucho de este tema en
otras ocasiones, pero permitidme insistir de
nuevo en la naturalidad y en la sencillez de la
vida de San José, que no se distanciaba de sus
convecinos ni levantaba barreras innecesarias.
Por eso, aunque quizá sea conveniente en
algunos momentos o en algunas situaciones, de
ordinario no me gusta hablar de obreros
católicos, de ingenieros católicos, de médicos
católicos, etc., como si se tratara de una
especie dentro de un género, como si los
católicos formaran un grupito separado de los
demás, creando así la sensación de que hay un
foso entre los cristianos y el resto de la
Humanidad. Respeto la opinión opuesta, pero
pienso que es mucho más propio hablar de obreros
que son católicos, o de católicos que son
obreros de ingenieros que son católicos, o de
católicos que son ingenieros. Porque el hombre
que tiene fe y ejerce una profesión intelectual,
técnica o manual, es y se siente unido a los
demás, igual a los demás, con los mismos derechos
y obligaciones, con el mismo deseo de mejorar,
con el mismo afán de enfrentarse con los
problemas comunes y de encontrarles solución.
El católico, asumiendo todo eso, sabrá hacer de
su vida diaria un testimonio de fe, de esperanza
y de caridad testimonio sencillo, normal, sin
necesidad de manifestaciones aparatosas, poniendo
de relieve con la coherencia de su vida la
constante presencia de la Iglesia en el mundo, ya
que todos los católicos son ellos mismos Iglesia,
pues son miembros con pleno derecho del único
Pueblo de Dios.
75
El trato de José con Jesús Desde hace
tiempo me gusta recitar una conmovedora
invocación a San José, que la Iglesia misma nos
propone, entre las oraciones preparatorias de la
misa José, varón bienaventurado y feliz, al que
fue concedido ver y oír al Dios, a quien muchos
reyes quisieron ver y oír, y no oyeron ni vieron.
Y no sólo verle y oírle, sino llevarlo en brazos,
besarlo, vestirlo y custodiarlo ruega por
nosotros. Esta oración nos servirá para entrar en
el última tema que voy a tocar hoy el trato
entra?able de José con Jesús. Para San
José, la vida de Jesús fue un continuo
descubrimiento de la propia vocación.
Recordábamos antes aquellos primeros a?os llenos
de circunstancias en aparente contraste
glorificación y huida, majestuosidad de los Magos
y pobreza del portal, canto de los Angeles y
silencio de los hombres. Cuando llega el momento
de presentar al Ni?o en el Templo, José, que
lleva la ofrenda modesta de un par de tórtolas,
ve cómo Simeón y Ana proclaman que Jesús es el
Mesías. Su padre y su madre escuchaban con
admiración , dice San Lucas. Más tarde, cuando el
Ni?o se queda en el Templo sin que María y José
lo sepan, al encontrarlo de nuevo después de tres
días de búsqueda, el mismo evangelista narra que
se maravillaron.
76
José se sorprende, José se admira. Dios le
va revelando sus designios y él se esfuerza por
entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de
cerca a Jesús, descubre en seguida que no es
posible andar con paso cansino, que no cabe la
rutina. Porque Dios no se conforma con la
estabilidad en un nivel conseguido, con el
descanso en lo que ya se tiene. Dios exige
continuamente más, y sus caminos no son nuestros
humanos caminos. San José, como ningún hombre
antes o después de él, ha aprendido de Jesús a
estar atento para reconocer las maravillas de
Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.
Pero si José ha aprendido de Jesús a vivir de un
modo divino, me atrevería a decir que, en lo
humano, ha ense?ado muchas cosas al Hijo de Dios.
Hay algo que no me acaba de gustar en el título
de padre putativo, con el que a veces se designa
a José, porque tiene el peligro de hacer pensar
que las relaciones entre José y Jesús eran frías
y exteriores. Ciertamente nuestra fe nos dice que
no era padre según la carne, pero no es ésa la
única paternidad.
77
A José leemos en un sermón de San
Agustín n
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